Relato



Miguel viajó hasta el pueblo para visitar a sus padres y quizá también para reencontrase con su pasado adolescente. Le pareció muy extraño reencontrase de nuevo con ellos en la casa familiar y sin discusiones. Tampoco sintió la necesidad de tomar partido por ninguna de las dos partes, como había sido la constante durante los más de 20 años en que habían estado separados. Y ahora, nada más jubilarse, otra vez juntos, como si nada hubiera pasado y acabasen de conocerse

Las sensaciones que sintió le remontaron a los años de infancia, cuando aun eran una familia unida, aunque pronto  rota por las diferencias de carácter y parece ser que también por alguna infidelidad que otra de su padre. Algo sobre lo que nunca había querido profundizar. Siempre pensó que había heredado de su padre esa habilidad innata para rehuir el compromiso en todas sus relaciones. Su padre siempre comentaba que había sido “cazado” por la que fue su esposa, la madre de Miguel,  durante los años que permanecieron juntos. Y ahora parecía tan feliz de nuevo con ella como si el pasado no existiera  ¿Sería él capaz de encontrar el amor con una única mujer y mantenerse unido un tiempo al menos?

Estuvo tres días en el pueblo que pasaron volando. No consiguió quitarse la sensación de irrealidad, de cuento de hadas que le acompañaba en todo momento, como si estuviera viviendo una nueva dimensión. Mantuvo algunas charlas con sus padres, charlas tranquilas y reflexivas como nunca antes lo habían hecho. Recordaba las visitas anteriores, casi siempre fugaces y por separado entre viajes y proyectos. Unos padres que siempre le habían dado todo o casi todo lo que había querido a un hijo único, quien desde muy pequeño supo jugar muy bien sus cartas consiguiendo de uno lo que el otro negaba. También es cierto que tuvo que soportar  los reproches y los dardos envenenados de odio que se lanzaban entre ellos. Especialmente duros fueron los de su madre cuando Miguel se independizó y ella se quedó sola. Pero todos esos momentos malos había desaparecido casi como por arte de magia y ellos parecían vivir un nuevo romance partiendo de cero, excepto en lo referente a él mismo. Al menos, de él no se habían olvidado.

En esas charlas les pudo explicar cómo se sentía, la reciente visita al médico, las pruebas adicionales y los resultados pendientes para unos días después. Lo más duro fue hablar de la muerte de Mario, el que fue su mejor amigo en la adolescencia hasta que todo se torció, del rencuentro frustrado con Marcos, el otro miembro de la inseparable terna. También habló de las ideas que recorrían su cabeza y del firme propósito de frenar esa loca carrera hacia la autodestrucción que parecía haber tomado. Contarlo le sentó bien, como dicen los psicólogos hay que echar fuera las cosas para que no se nos pudran dentro. Y sus padres escucharon, comprendieron y animaron sin reproches acerca de su vida licenciosa y peligrosa.

El pueblo no había cambiado, por allí no pasaba el tiempo. Volvió a sentirse como el niño primero y el adolescente después, que había pasado allí tantos fines de semana y los interminables veranos. Faltaban los mayores, es verdad que el paso de los años se marcaba en el rostro de los parroquianos. A pesar de los años de ausencia, el tiempo parecía no haber pasado. Todos le recordaban a él y también le recordaban algunas de las tropelías que tanto él como el resto de compañeros de la cuadrilla organizaban cada verano.

Su madre insistió en acompañar a Miguel a por los resultados del médico. Eso después de su intento frustrado de convencerle que se quedase unos días más en el pueblo. Volvían a ser una familia, el padre, la madre y su niño, aunque ya hubiese cumplido la treintena, y querían prolongar el máximo tiempo posible esa sensación ya casi olvidada. Miguel se negó, aunque prometió volver de vez en cuando. No sólo para ver a sus padres, sino para intentar reencontrarse con alguno de los amigos de la cuadrilla y para revivir, por que no, algunos de los momentos de la adolescencia

Recogió sus cosas, dejó el pueblo y regreso a su casa. Se llevó el convencimiento de que la familia siempre está ahí, no hay nada como un padre o una madre. También se marchó con la seguridad de que a pesar de su negativa, su madre se presentaría en la clínica para conocer los resultados de primera mano. ¡Qué difícil es decir que no a una madre!

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Pasaron unos días de inusitada calma en la vida de Miguel. Había acordado una semana de descanso con su empresa hasta la espera de los resultados médicos. Tenía días pendientes de vacaciones y su jefe insistió en ello. Desprendido de una pesada carga, aprovechó esos días de descanso, de liberación. Hacía tiempo que no dormía tan bien y se levantaba tan relajado. (más…)


Mario llegó a casa con una ilusión que creía desterrada de su ser. Al menos, por el momento, había olvidado la pesadez que se había apoderado de él las últimas semanas, incluso el desmayo y el paso por el hospital parecían un recuerdo pasado. Se duchó en un instante, buscó entre la vorágine de ropa sucia que tenía amontonada junto a la silla de su dormitorio. Hacía demasiado tiempo que no ponía una lavadora. Encontró un pantalón corto vaquero en el fondo del armario y una camisa con cuadros rojos. Se vistió y se afeitó en un instante y a las 9  menos veinte estaba en la puerta de sus vecinos esperando a Omar. (más…)


Después de estrenar la habitación de invitados de Omar y Hugo, Mario se levantó temprano, despertado por el ruido de la ducha en el cuarto de baño. Había dormido profundamente y más tranquilo que en las últimas semanas. El ver con sus propios ojos a esta curiosa pareja de casi adolescentes disfrutar de la vida, le había dado nuevos ánimos y levantado la moral. Se vistió dejando el pijama que le habían prestado sobre la cama y se dirigió a la cocina. Allí encontró a Hugo preparando el desayuno. Vestía pantalón largo y una camisa que le daba un toque más formal que la noche anterior. (más…)


Omar, Marcos y Hugo cenaron más de lo previsto. El primero, tuvo que hacer nuevo 2 viajes a la cocina para reponer existencias sobre la mesa. El queso, los yogures, los restos de una tortilla de patata y unas cuantas lonchas de jamón serrano fueron completando la dieta. Marcos, olvidó rápidamente el dolor de estómago y la sensación de tener el cuerpo revuelto. A un lado quedó la manzanilla que Omar le había preparado. Charlando con estos dos chavales empezó a sentirse mejor, mucho mejor de lo que recordaba en las últimas semanas. (más…)


Tres amigosLlevamos muchas historias de nuestras “Tres lunas”: Mario, Miguel y Marcos y aun no sabemos qué aspecto tienen ¿Cómo son nuestros protagonistas? Y ya ha llegado el momento. Hemos pasado por los 13 años, los treintaytantos y también el verano de los 17, cuando la mayoría de edad asoma por la puerta. Los tres, Marcos, Miguel y Mario, eran amigos desde que tenían uso de razón, no podían recordar un momento en que se conocieran. Estaban muy unidos y en cierta medida su amistad era la envidia del resto de la cuadrilla del pueblo. Un grupo en el que estaban perfectamente integrados. (más…)


El día siguiente del desgraciado accidente en el río amaneció muy temprano para Mario que se levantó hambriento. Su estómago rugía, ya que no había comido nada desde el almuerzo del día anterior. Se levantó cojeando y con dolores. Antes de vestirse se aplicó la pomada y bajó a desayunar junto a su abuela, que como siempre ya estaba levantada y trasteando en la cocina. El malhumor seguía intacto, así que se dirigió hacia la mesa a prepararse el desayuno. (más…)

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