Relato



El día siguiente del desgraciado accidente en el río amaneció muy temprano para Mario que se levantó hambriento. Su estómago rugía, ya que no había comido nada desde el almuerzo del día anterior. Se levantó cojeando y con dolores. Antes de vestirse se aplicó la pomada y bajó a desayunar junto a su abuela, que como siempre ya estaba levantada y trasteando en la cocina. El malhumor seguía intacto, así que se dirigió hacia la mesa a prepararse el desayuno.

“Buenos días hijo. Es que no vas a saludar a tu abuela”

Hola” respondió Mario con toda la desgana de la que fue capaz

“¿Qué tal estás? ¿Cómo has dormido? ¿Tendrás hambre?

“Si”

“¿Te ayudo con la pomada?”

“No hace falta, ya me la he puesto yo solo”

“Aunque ya seas mayor, tu abuela te puede seguir ayudando. ¿Te duele? ¿Quieres un ibuprofeno después del desayuno?”

Mario comenzó el desayuno con su tazón de cola cao y un par de buenas rebanadas con la miel de naranja que seguía siendo el secreto mejor guardado de su abuela. Más que comer, devoró ambas en un santiamén  y se dirigió hacia la hogaza que aún conservaba el calor de las recién hechas, para partirse dos nuevas rebanadas. Comía, pero seguía sin hablar

¿Me vas a contar que te pasa o lo tendré que adivinar como siempre? Sabes que te conozco mejor que tu madre

“No me pasa nada, solo es que me duele y ya está”

“Te duele la caída, eso ya lo sé, pero a mí me parece que también te duele otra cosa ¿Tiene que ver con Rosa? El otro día cuando llegó estabas como embobado y dando saltos de alegría y ahora tienes el humor de un garañón de tiro”

Mario se resistía a contestar, pero sólo durante unos instantes. “Es que las mujeres son muy complicadas”.

La abuela se sentó al lado de Mario que aún tenía la segunda rebanada a medio comer. ¿Es que Rosa no te hace caso?

“Parece que solo tiene ojos para Miguel y eso que sabe que me gusta y que la quiero mucho. El otro día hablamos y  ayer el río no me hizo ni caso”.

“¿Por eso saltaste desde la presa, para que te hiciese caso?”

“Es que no sé”

“No hace falta que me contestes. Ha sido una tontería. ¿Tú crees que Rosa se va a fijar más en ti porque comentas la tontería de saltar desde la presa y partirte la crisma?”

“Pues Miguel saltó y bien que le hacía caso”

“Ahora lo entiendo. ¿Quieres un consejo hijo mío?”

“¿Dime que tengo que hacer?” suplicó Mario

“Para conquistar a una chica tienes que utilizar tus propias armas, no las de los otros. Miguel es así y le gusta exhibirse, pero tu no. Si quieres competir con él y utilizas sus armas, siempre acabarás perdiendo. Sé tú mismo. Si eres un niño encantador”, a lo que la abuela añadió un sonoro beso en la mejilla.

“Ya no soy un niño”

“Tú siempre serás mi niño” concluyó la abuela.


puerta de casa

Marcos abandonó el hospital acompañado de Omar y Hugo. Después de un trayecto acompañado de los interminables atascos de la ciudad y con un inmenso cansancio en el cuerpo, los tres llegaron a casa. Fue Hugo quien abrió la puerta y pasó el primero para invitar a Marcos. “Llevamos solo una semana viviendo aquí, nos acabamos de instalar y tenemos todo aún muy revuelto”. Las cajas marrones, muchas de ellas aún sin desprecintar ocupaban parte del pasillo y casi todo lo que debía ser el salón de la casa. (más…)


Marcos ya estaba convencido de tener que pasar la noche en el hospital en observación. Sin embargo, cuando la doctora ya se marchaba, Omar y dijo mirando a ésta “¿Por qué no se viene a dormir a mi casa? Somos vecinos y puedo vigilarle durante la noche, así no tendría que quedarse en el hospital?” (más…)


Por suerte, al llegar al ambulatorio acompañado por la propia doctora, no tuvieron que esperar mucho. Las tardes de verano solían ser movidas por caídas, golpes, esguinces y otras situaciones similares cuando las poblaciones de los pueblos de la zona multiplicaban sus habitantes con la llegada de veraneantes y sobre todo muchos niños. Sin embargo esa tarde era extrañamente tranquila. (más…)


de-espaldas2Mario subió solo desde el río, regresaba con una ligera cojera y un dolor cada vez más intenso en el costado derecho después de lanzarse desde lo alto de la presa. Pero lo peor era el sabor de la derrota, el saber que había perdido una batalla porque Rosa parecía más interesada en Miguel, a quien hasta unos momentos antes, consideraba uno de sus mejores amigos. El resto de la cuadrilla se quedó jugando a las cartas en la ribera del río después del baño. Estaban todos en corro jugando al burro y pronto comenzarían los castigos para los que fueran más lentos en completar las jugadas. (más…)


goteroMarcos abrió los ojos, hacía fresquito y se oía el sordo murmullo del aire acondicionado. Había poca luz, y entre la penumbra un olor muy característico a hospital. Estaba tumbado en una camilla en una sala grande con otros pacientes. Al moverse, sintió un tirón en el brazo izquierdo donde tenía una vía conectada a un gotero. Con la mano derecha levantó la sábana y vio que estaba en calzoncillos. A la derecha de la camilla, en una silla, una gran bolsa de plástico con el resto de su ropa. (más…)


En la camaDos días después de la visita del joven de la compañía de gas, Marcos aún no había conseguido salir de casa. Deambulaba del sofá a la cama, de la cama al ordenador, y otra vez al sofá con la televisión. Alguna incursión en una cocina sucia y desordenada y un frigorífico cada vez más vacío. Pasaban las horas y todo estaba envuelto en una nebulosa que le invitaba a dormir o simplemente a estar tumbado con la mirada fija en el techo de su dormitorio sin pronunciar palabra e incluso sin pensar en nada. Dejaba el tiempo pasar y esfumarse sin más, sin horizontes, sin planos ni ilusión. Había retomado su rutina agónica previa a la visita. Una rutina que le acompañaba desde hace varias semanas.  (más…)

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