Relato



Hola Rosa

He decidido volver a la ciudad. Voy a hablar con mis padres. Ya no quiero estar en el pueblo. Sin ti, nada tiene sentido.

Sin ti, no merece la pena estar aquí

Yo te quiero y lo sabes

Y tu a mi no me quieres

No hay nada que hacer ni nada por lo que luchar

Si estás con otro, prefiero no verte

No quiero verte sonreir mientras Miguel te abraza

No quiero verte sonreir si no estás conmigo

Tienes derecho a elegir

El corazón es libre y es quien decide

Y contra eso nada se puede hacer

Te deseo lo mejor, que seas muy feliz

Algo se mueve dentro de mí

Solo quiero gritar y llorar, bueno ya ni eso siquiera

Solo llorar, resignarme y olvidarte

Aunque no sé si seré capaz de no pensar en ti

Tu imagen y tu presencia me acompaña desde que me levanto hasta que me acuesto

No hay momento del día en que no piense en ti

No sé por qué

¿Porque no pensaré en otra chica?

¿Por qué siempre ocupas mi mente?

¿Por qué te apoderas de todo mi ser?

Nunca me volveré a enamorar

Creo que nunca podré ser feliz

No puedo pensar, no puedo

Me rindo

Mi corazón siempre guardará un lugar para ti

Al terminar de escribir dos lágrimas cayeron sobre el papel. Estaba llorando. Al menos aun era capaz de eso.

Firmó abajo, dobló el papel en 2 y buscó un sobre. Introdujo la nota y puso Para Rosa. Se la daría a Marcos para que se la entregase después de haber abandonado el pueblo.

Cogió el teléfono y llamó a sus padres. Después comenzó a preparar la maleta

 

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Mario se pasó la tarde en la tenada, donde le había dejado Marcos después de su charla. No conseguía tomar una decisión. Por un lado quería mantenerse firme y alejado de sus amigos, aceptando la derrota. Pero por otro lado quería agarrase a la última esperanza de no perder a Rosa. Nunca existe el 100%, ni para la victoria, ni para la derrota. ¿Una última oportunidad? También es cierto que eran los últimos días de verano y quería ver a sus amigos del pueblo. Luego el instituto, volver a la ciudad… (más…)


Los dos siguientes días, Mario no quiso salir de casa. Aún le dolía bastante el costado después del golpe en la presa. Pasaban las horas y todavía le dolía, aunque más que el costado era el corazón lo que más tristeza le provocaba. Se seguía aplicando la pomada con esmero, aunque después de la reticencia inicial, ahora dejaba que fuera su abuela quien le aplicase la misma. Por cierto, con bastante mejor maña que el propio Mario. (más…)


Y  no se equivocó. Pasados dos interminables días, en los que había dejado a su mente vagar sin rumbo fijo recordando las experiencias de sus últimas horas, se presentó en la clínica a recoger los resultados de sus pruebas médicas. Y su madre estaba allí, esperando “¿Por qué no has pasado por casa? “ preguntó Miguel al tiempo que besaba a su madre. “Acabamos de llegar directamente del pueblo, tu padre está aparcando el coche. Cada día está peor este barrio y es más difícil encontrar un hueco” (más…)


Quiero verte y mirarte

Quiero que me veas y me mires

Quiero mirarte y sonreir

Quiero que me mires y sonrias

Quiero conocerte

Quiero que me conozcas

Quiero reirme contigo

Quiero que nos riamos juntos (más…)


Miguel viajó hasta el pueblo para visitar a sus padres y quizá también para reencontrase con su pasado adolescente. Le pareció muy extraño reencontrase de nuevo con ellos en la casa familiar y sin discusiones. Tampoco sintió la necesidad de tomar partido por ninguna de las dos partes, como había sido la constante durante los más de 20 años en que habían estado separados. Y ahora, nada más jubilarse, otra vez juntos, como si nada hubiera pasado y acabasen de conocerse (más…)


Pasaron unos días de inusitada calma en la vida de Miguel. Había acordado una semana de descanso con su empresa hasta la espera de los resultados médicos. Tenía días pendientes de vacaciones y su jefe insistió en ello. Desprendido de una pesada carga, aprovechó esos días de descanso, de liberación. Hacía tiempo que no dormía tan bien y se levantaba tan relajado. (más…)

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