Lidia se levantó temprano rodeada de un cielo nuboso y un ligero y casi imperceptible orballo. Un día más esa ligera lluvia de primera hora, que después se convertía en sol a media mañana. En silencio tomó un café y un par de magdalenas para acabar la bolsa. Se había preocupado de acabar con la comida y no dejar cosas empezadas. Se duchó y vistió para el largo viaje en coche antes de dar un último paseo por la casa.

Hizo está paseo de despedida por la casa imbuida en su tristeza y fue despidiéndose de las habitaciones, de la nueva buhardilla con el techo de madera a medio terminar, el baño, el descansillo de la primera planta donde se había refugiado a escribir cuando la echaron del salón por las obras. Cuando estaba bajando las escaleras oyó un ruido en la entrada. Hacía ya varios días que no habían aparecido los albañiles. Un coche que no conocía había aparcado a la altura de la puerta y de él se bajó Matías, el albañil de pelo canoso. Lidia se acercó a la puerta para saludar y despedirse, pero en la puerta de la calle se topó con un chaval que no tendría más de 20 años, y que le saludó con una sonrisa.

Soy Ander, vengo a trabajar aquí unos días con Matías”.

Se estrecharon la mano y Lidia respondió con un “Encantada de conocerte” y un amago de sonrisa que le salió desde lo más profundo.

Se quedó paralizada a la puerta de la casa alquilada. Era el mismo chico al que había espiado unos días atrás en su viaje relámpago a la playa. ¿Cómo era posible? Tenía las maletas preparadas y la firme decisión de marcharse esa misma mañana y regresar a Madrid. Sin embargo no podía. La presencia de Ander, el joven albañil que llegaba por primera vez, le impedía moverse. Era como si un rayo le hubiese golpeado de lleno. Pasaron varios minutos, mientras los trabajadores se preparaban para seguir con sus tareas como cualquier otro día sin saber la decisión de marcharse que había tomado la propia Lidia el día anterior. Salió fuera, y se apoyó en el pequeño murete que separaba el camino de entrada a la casa del huerto. Cambio de planes.

Solo podía pensar en el nuevo albañil. Si fijó en que el pelo era más castaño que rubio y tenía una barba poco tupida y desordenada de tres o cuatro días,  como si creciese por obligación y a duras penas. Altura media, superando por poco el 1,72 y un cuerpo fibrado y bien definido. La mañana fue pasando y pronto pudo comprobar cómo la sonrisa y el buen humor eran rasgos muy marcados en él. Recordaba como días atrás en la playa no paraba de sonreir. Descubrió que era cántabro, del mismo valle, aunque de padres asturianos por lo que conservaba vocabulario más propio de Asturias. No sabía nada de los diversos acentos del norte, pero cuando el chico hablaba incluía palabras desconocidas para Lidia, aparte de la terminación in, ina o uco. Allí todo era una tierrina, ternerín, pequeñuco, graciosín, etc.

El joven tenía la mirada limpia y por lo que fue conociendo, un espíritu tranquilo acostumbrado a la vida en el pueblo y los alrededores. Las primeras conversaciones, sencillas y nada trascendentales, le permitieron a Lidia saber acerca de él. Se había comprado una casa en un pueblo más grande a 11 kms, aunque solo la utilizaba para dormir. La comida diaria era en casa de la abuela en otro de los pueblos de la zona, donde además tenía ganado como vacas de carne, gallinas y cochinos. Estaba muy integrado en su entorno y rehuía, como él mismo comentaba, las grandes ciudades.

Prefería el campo, la vida en la naturaleza, trabajar al aire libre y aprovechar los fines de semana para salir con los amigos, especialmente en verano para ir a la playa por el día y de fiesta por la noche. En esa época, cada fin de semana eran fiestas  en uno de los pueblos de la zona. También supo que en otoño o en períodos de veda de caza, salir al monte con los perros y la escopeta a cazar algún que otro jabalí.

Era curioso, como no había acertado en nada en su primera impresión cuando le vio en la playa rodeado de otros jóvenes. Ni siquiera era vasco, a pesar del nombre


Josh y Alex, son un matrimonio de dos hombres que una noche invitan a un joven a compartir sus juegos amorosos. Lo que podría ser una noche de sexo más, como otra cualquiera, sin embargo, se convirtió en el principio de algo más. Darius, ese joven masajista, entró en sus vidas para convertir una pareja en un trío. “Afterglow”, después de ese momento de resplandor, ese momento intenso, el peligro puede ser enamorarse, aunque sea una y otra vez sobre las tablas del escenario.

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Las musas tal y como vinieron, sin hacer ruido, se fueron. La inspiración cesó y el palpitar del cursor en la hoja en blanco le sorprendió en un par de ocasiones esa segunda mañana de compañía de los albañiles. A primera hora, se había tenido que trasladar al piso superior porque los golpes para desmontar las ventanas viejas le aturdieron y el polvo y los cascotes habían invadido el salón. Lidia miraba el ordenador y las hormiguitas que se convertían en letras negras sobre el fondo blanco, parecían haber desaparecido, parecía que estaban en huelga. Una huelga parcial o quizá el exterminio de la especie.

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Un texto de Ernesto Caballero que nos plantea un hipotético encuentro entre Cicerón y dos jóvenes estudiantes, entre la Roma convulsa del siglo I a C y la época actual, entre la acción política como profesión de riesgo y la reflexión pausada a distancia. Un gran montaje que pone sobre la mesa grandes palabras, ideas y formas de gobierno, valores y cómo defenderlos incluso con la vida para ser degustados por el espectador de manera sosegada y quizá provocar la reflexión. Viejo amigo Cicerón con José María Pou en el Teatro de la Latina en Madrid. (más…)


“El bar que se tragó a todos los españoles” es un título curioso para contar la historia de Jorge Arizmendi, un cura español que con 33 años decidió que quería dejar el sacerdocio para conocer la vida, casarse y tener una familia. Y mientras espera la dispensa vaticana, viaja a Estados Unidos para estudiar marketing y empezar a vivir. Es lo último de Alfredo Sanzol, actual director del Centro Dramático Nacional, que dirige y escribe este texto a partir de una experiencia personal. (más…)


Acudo al Fernán Gómez a ver lo último de Teatro en Vilo, “Hoy puede ser mi gran noche” con el recuerdo en la retina de “Man Up”, su anterior trabajo que para mí fue lo mejor que vi en el año 2019. En este caso Noemí Rodríguez acompañada por su hermana Marlene nos trasladan a la Galicia de los años 90, a momentos de su infancia y al sonido de las grandes orquestas musicales. Un montaje muy personal que nos habla de éxito y de fracaso y de lo importante que es vivir, lo que a veces puede ser extraordinario sin necesidad de luces, aplausos o el reconocimiento público.  (más…)


“La comedia de las maravillas” nos enseña cómo era la vida de los actores en el siglo XVIII y lo hace además con alegría, mostrando lo divertido que es hacer teatro y lo disfrutona que es la profesión de actor. Al menos en lo que me transmitieron este elenco de actores y actrices procedentes de las diferentes promociones jóvenes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Con música en directo y canciones, se puede disfrutar estos días en sus últimas en la Sala Tirso de Molina del Teatro de la Comedia en Madrid (más…)


A.K.A. (Also Known As). También conocido como, haciendo referencia al apodo, muy típico entre la gente joven. Es la historia de Carlos, un adolescente que después de vivir su primer amor recibe una bofetada de realidad. Procede se algún país del próximo Oriente y fue adoptado cuando tenía pocos años. Él quiere a su familia, se siente de aquí y nunca se ha planteado su origen. Como muchos adolescentes se ilusiona, sueña y se enamora. Pero después todo cambia, un giro inesperado, el racismo en la mirada de otros, que le llevará a replantearse cuál es su identidad. (más…)


En “Rita”, los dos personajes, Julia y Toni, son hermanos muy diferentes, a Julia le cuesta tomar decisiones, mientras Toni parece que lo tiene todo más claro. Hablan del trabajo, del nuevo amante de ella, del fracaso de su matrimonio, de la hija de Toni, de lo que les depara la vida. Pero todo parece una excusa, porque en el fondo está la enfermedad de su madre, Rita, con un alzhéimer muy avanzado, en la cama de un hospital y ausente de la realidad. La eutanasia, el derecho a morir dignamente, el no tener que sufrir innecesariamente cuando ya no hay nada que hacer. (más…)


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