Marcos se levantó tarde. Una vez despierto se quedó un rato en la cama, era uno de los pocos vicios que tenía. Soñaba despierto en un duermevela alternado momentos con su imaginación para darse ánimos. Al fin se dirigió a la ducha y después de preparó un buen desayuno a base de huevos revueltos con unas tiras de bacon, zumo de naranja y café con leche. Era casi la una de la tarde.

Encendió el ordenador y revisó los últimos correos electrónicos. Algún mail de dos de sus compañeros que le relataban algunas noticias del trabajo, la factura del teléfono móvil e internet, publicidad y varios mensajes relacionados con las redes sociales, que si alguien había escrito algo en twitter, algún recordatorio de facebook donde por cierto no entraba desde hace varias semanas. La red social se esforzaba por rememorar algunos acontecimientos y avisos de que hace tiempo no publicaba nada. Y es que nada tenía que contar, al menos al mundo prefabricado con amigos desconocidos de facebook

Sin embargo quería escribir lo que sentía. Necesitaba un nuevo punto de partida, borrar las últimas semanas o meses, deshacerse de esa sensación de agobio y soledad que le acompañaba desde hace ya demasiado tiempo. Quería empezar una nueva vida. Hay que seguir adelante se decía, quedan muchas cosas por vivir, nuevos desafíos y solo se rinden los cobardes. Mientras se repetía esto, la imagen de Mario a finales del verano a los 17 años le vino a la memoria. Su lucha por conseguir a Rosa y lo que pasó después.

Animado por esa nueva energía comenzó a teclear en el ordenador. Varias ideas le venían a la mente después de una larga ausencia frente a la hoja en blanco de Word y en tintineo del cursor indicando la posición. Comenzó a teclear, escribía, borraba, repasaba y volvía a escribir. Así pasaron varios minutos que pronto se convirtieron en una hora y después en dos. Sentía una cierta liberación al plasmar sus pensamientos en el papel. Surgían a borbotones como ideas inconexas. Comenzaba una historia y después pasaba a otra, una nueva idea, otra posibilidad. Deseos, imágenes, personajes variopintos con diferentes problemas y situaciones.

Al final hiló una serie de frases, de sentimientos, ideas plasmadas en negro sobre blanco para que al dejarlas por escrito parecieran pertenecer a un pasado que quería dejar atrás, en el pasado. Amores que surgen y se van, derrotas acumuladas, soledad, dudas sobre la capacidad de volver a mar y quizá esperanza.  Le faltaba un título. Descartó varios. Al final se decidió “Solo un corazón roto es capaz de amar de verdad”

De repente recordó la cita de esa noche. Nuevas dudas, ¿sería mejor quedarse en casa inventando cualquier escusa? Pasaron unos segundos frente al ordenador. Por un lado le apetecía pasar un rato agradable con Hugo y Omar, sus salvadores de los últimos días. Salvó lo escrito hasta el momento, apagó el ordenador y sin saber muy bien de qué manera se levantó el dirección a su habitación.

Si, además llevaría un postre. Aun recordaba la receta del tiramisú que una amiga le había dado. Repasó mentalmente los ingredientes necesarios y en diez minutos estaba de nuevo a la puerta del supermercado.

Anuncios

Hola Rosa

He decidido volver a la ciudad. Voy a hablar con mis padres. Ya no quiero estar en el pueblo. Sin ti, nada tiene sentido.

Sin ti, no merece la pena estar aquí

Yo te quiero y lo sabes

Y tu a mi no me quieres

No hay nada que hacer ni nada por lo que luchar

Si estás con otro, prefiero no verte (más…)


Mario se pasó la tarde en la tenada, donde le había dejado Marcos después de su charla. No conseguía tomar una decisión. Por un lado quería mantenerse firme y alejado de sus amigos, aceptando la derrota. Pero por otro lado quería agarrase a la última esperanza de no perder a Rosa. Nunca existe el 100%, ni para la victoria, ni para la derrota. ¿Una última oportunidad? También es cierto que eran los últimos días de verano y quería ver a sus amigos del pueblo. Luego el instituto, volver a la ciudad… (más…)


Los dos siguientes días, Mario no quiso salir de casa. Aún le dolía bastante el costado después del golpe en la presa. Pasaban las horas y todavía le dolía, aunque más que el costado era el corazón lo que más tristeza le provocaba. Se seguía aplicando la pomada con esmero, aunque después de la reticencia inicial, ahora dejaba que fuera su abuela quien le aplicase la misma. Por cierto, con bastante mejor maña que el propio Mario. (más…)


Y  no se equivocó. Pasados dos interminables días, en los que había dejado a su mente vagar sin rumbo fijo recordando las experiencias de sus últimas horas, se presentó en la clínica a recoger los resultados de sus pruebas médicas. Y su madre estaba allí, esperando “¿Por qué no has pasado por casa? “ preguntó Miguel al tiempo que besaba a su madre. “Acabamos de llegar directamente del pueblo, tu padre está aparcando el coche. Cada día está peor este barrio y es más difícil encontrar un hueco” (más…)


Quiero verte y mirarte

Quiero que me veas y me mires

Quiero mirarte y sonreir

Quiero que me mires y sonrias

Quiero conocerte

Quiero que me conozcas

Quiero reirme contigo

Quiero que nos riamos juntos (más…)


Miguel viajó hasta el pueblo para visitar a sus padres y quizá también para reencontrase con su pasado adolescente. Le pareció muy extraño reencontrase de nuevo con ellos en la casa familiar y sin discusiones. Tampoco sintió la necesidad de tomar partido por ninguna de las dos partes, como había sido la constante durante los más de 20 años en que habían estado separados. Y ahora, nada más jubilarse, otra vez juntos, como si nada hubiera pasado y acabasen de conocerse (más…)