Marcos ya estaba convencido de tener que pasar la noche en el hospital en observación. Sin embargo, cuando la doctora ya se marchaba, Omar y dijo mirando a ésta “¿Por qué no se viene a dormir a mi casa? Somos vecinos y puedo vigilarle durante la noche, así no tendría que quedarse en el hospital?”

“No puedo aceptar, es un marrón para ti, cuando apenas nos conocemos. Ya has hecho bastante por mí acompañándome al hospital. Has sido muy amable y gracias de nuevo, pero no, me quedaré en el hospital” contestó Marcos.

No es molestia”, añadió Omar. “Mi chico viene a recogerme en el coche, llegará en un rato y nos puede llevar  a los dos a casa. Tenemos una habitación de invitados que aún no hemos estrenado. Bueno en realidad apenas hemos estrenado la casa, solo llevamos viviendo allí un par de semanas”.

La doctora asintió mientas decía: “Si es así, por mi parte no hay problema. Ahora mismo traigo el informe de alta voluntaria y os podéis marchar enseguida” Antes de irse desenganchó la vía del brazo de Marcos y le puso una gasa a la altura del pinchazo. Salió de la sala y los dejó solos, en realidad, en compañía de otros cuantos enfermos.

Marcos se incorporó con cierta dificultad, un tanto abotargado y Omar enseguida le ayudó. “Voy a vestirme”- No había terminado cuando apareció de nuevo la doctora Abós, con una hoja que sin duda debía ser el informe con el alta médica. Venía acompañada de otro chico también muy joven, aunque sin duda mayor que Omar. Se saludaron con un ligero beso en los labios, con lo que enseguida comprendió de quien se trataba. “Este es Hugo” fue la presentación que hizo Omar dirigiéndose a Marcos y “Este es Marcos, nuestro vecino” dirigiéndose a Hugo. Éste último plantó dos besos en la cara de un Marcos sorprendido y aún en calzoncillos, solo le había dado tiempo a abrir la bolsa de plástico para sacar sus pantalones y la camisa que descansaba sobre la cama.

Encantado de conocerte, ¿Qué tal estás? Ya me ha comentado Omar que tuviste un desmayo en la calle, espero que no sea grave. Por cierto será un honor tenerte como invitado esta noche en casa”, añadió un Hugo educado, formal y con una sonrisa en su cara.

 “Gracias”, contestó Marcos, `”Pero no será necesario, ya tengo el alta, no quiero molestaros y me sirve con que me dejéis en mi casa

 “De ninguna manera, me he comprometido con la doctora y te vienes a casa” sonó la voz de Omar con una rotundidad que no admitía duda. “No te asustes porque seamos pareja, te prometo que no te haremos nada, al menos esta noche, y vístete ya que estás en calzoncillos”, añadió el joven acompañado de un guiño cómplice enmarcado en una sonrisa.

Marcos se vistió lo más rápido que pudo, recuperó sus pertenencias de la bolsa como la cartera y las gafas de sol, cogió el informe médico y dijo “Ya estoy, cuando queráis”. Al salir del hospital comenzó a fijarse en Hugo, un chico joven con barba de 3 ó 4 días, pero recortada a la perfección. Ojos oscuros de un color indefinido, cejas muy finas, nariz con un ligero toque hacia la izquierda recordando las narices partidas de algunos boxeadores, imagen a la que acompañaba un mentón duro y muy marcado. Llevaba puestos un pantalón vaquero corto, pero con un dobladillo perfecto y una camiseta azul de tirantes que dejaban al aire los hombros y unos bíceps perfectos y moldeados a base de horas de gimnasio. Era bajito, poco más de 1,65, un par de centímetros menos que Omar y cuando vio a los dos salir con el brazo en la cintura del otro, pensó que se trataba de una curiosa pareja, extrañamente joven para vivir juntos, cuando apenas debían rozar la veintena.

Vamos, no te quedes atrás” dijo Hugo, “No nos tengas miedo” al tiempo que se separaba de Omar para esperar la llegada de Marcos. “¿Todo bien? Vivimos en la paralela a tu calle, en el número 20, creo incluso que te he visto alguna vez desde mi ventana. ¿Tu dormitorio da a la pare de atrás del edificio?

“Si”, contestó Marcos

Pues nosotros hemos alquilado el tercer piso del bloque C y nuestro dormitorio da al mismo jardín que el tuyo”.

La mente de Marcos comenzó a volar, sintiendo una sensación de confort que había casi olvidado en las últimas semanas. Por un momento se sintió satisfecho. Mirar a esta pareja tan joven le sirvió para renovar unas ilusiones ya perdidas. Existía gente feliz capaz de echar una mano a un casi desconocido.

 


goteroMarcos abrió los ojos, hacía fresquito y se oía el sordo murmullo del aire acondicionado. Había poca luz, y entre la penumbra un olor muy característico a hospital. Estaba tumbado en una camilla en una sala grande con otros pacientes. Al moverse, sintió un tirón en el brazo izquierdo donde tenía una vía conectada a un gotero. Con la mano derecha levantó la sábana y vio que estaba en calzoncillos. A la derecha de la camilla, en una silla, una gran bolsa de plástico con el resto de su ropa. (más…)