Hacía tiempo que ya no llovía, pero cuando llegó a casa todavía estaba mojado. Lo primero que hizo Miguel fue quitarse los zapatos y la fina cazadora y dirigirse al baño para secarse el pelo con una toalla. El regreso había sido mucho más rápido en un taxi para evitar un constipado por la mojada que tenía encima. Una vez seco y cambiado de ropa se sentó en el sofá del salón. El siguiente objetivo era averiguar cómo se llamaba esa joven auxiliar de la clínica a la que había conocido días atrás y a la que no había conseguido quitarse de la cabeza. (más…)