Sentado en el sofá y dando las últimas bocanadas al cigarrillo que estaba fumando, Marcos descolgó el teléfono a pesar de ser un número desconocido. Era Hugo. No recordaba el momento exacto en que les había dado el teléfono, pero le gustó el hecho de recibir la llamada. Quizá al salir del hospital acompañado de la pareja, quizá en su casa la noche anterior, quizá esa misma mañana a Omar en la visita al rodaje de cine. Había pasado poco más de 4 horas desde que se despidió en Omar y ya les echaba de menos.

¿Qué tal estás? Fue lo primero que dijo Hugo al contestar, después añadió. Ya me ha contado Omar que habías pasado una mañana muy interesante en el rodaje

 “Estoy bien, gracias por llamar. He pasado la tarde adecentando mi casa”

“¿Necesitas alguna cosa? Esta noche Omar y yo salimos con unos amigos a un concierto. ¿Igual te apetece venir? Volveremos pronto, porque mañana hay que madrugar”, continuó Hugo

“No gracias, estoy bien. Me quedaré tranquilamente en casa” respondió Marcos mientras se imaginaba rodeado de un grupo de jóvenes casi adolescentes en el que seguramente estaría desubicado.

“Son gente muy maja, de verdad …  y la mayoría son mayores que nosotros”, respondió Hugo, que pareció adivinar lo que pasaba por la mente de Marcos. Sin esperar respuesta continuó “También nos podemos ver mañana. ¿Por qué no te vienes a cenar y te traes alguna de las películas clásicas de las que hablaste?  Así le damos una sorpresa a Omar que ya sabes que flipa con los grandes clásicos

Marcos dudó. Por un lado le apetecía volver a verlos, pero por otro lado no tenía nada claro si eso le iba a ayudar a volver a centrarse. A pesar de su depresión, de la soledad que le cercaba nunca había dejado de ser consciente de su situación, había incluso llegado a acostumbrarse. Saber lo que va a pasar. Sentimientos conocidos que había conformado un escenario de tristeza y abatimiento que le resultaba hasta cómodo. Reflexiones que pasaron por su mente como una estrella fugaz. Al otro lado de la línea, Hugo parecía ser cómplice del momento dando tiempo a Marcos en su respuesta.

¿Entonces te esperamos mañana? Dijo Hugo con ese tono de voz que deseaba una respuesta afirmativa

“De acuerdo, mañana nos vemos”. Marcos escuchó su propia respuesta como si proviniese de otro lugar. Su mente había decidió contestar que no, pero algo falló en su sistema neurológico y en la conexión del cerebro con la voz

Sobre las 9 te esperamos”, contestó Hugo y colgó. Lo hizo rápidamente, sin dejar tiempo a la reacción. Marcos separó el auricular de la oreja y se quedó mirando fijamente el aparato. Había algo que no entendía. Pasaron unos instantes y aún se preguntaba por qué había aceptado la invitación cuando mentalmente había decidido dar alguna escusa para no acudir a la cita. Bueno, quizá puedo llamar mañana antes de ir y poner alguna escusa. Si, definitivamente eso haría. Tenía que poner distancia con la felicidad insultante de la joven pareja. Tenía que recuperar su vida, superar ese momento que ya se prolongaba demasiado tiempo. Otra vez la muerte de Mario, una vez más. El reencuentro con Miguel y su distanciamiento. ¿Y si la superación de la depresión pasaba por retomar contactos y así volver a la normalidad?

Mario dejó el teléfono sobre la mesa del salón. Después un instante de duda, una sonrisa ¿Por qué no?

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