Y  no se equivocó. Pasados dos interminables días, en los que había dejado a su mente vagar sin rumbo fijo recordando las experiencias de sus últimas horas, se presentó en la clínica a recoger los resultados de sus pruebas médicas. Y su madre estaba allí, esperando “¿Por qué no has pasado por casa? “ preguntó Miguel al tiempo que besaba a su madre. “Acabamos de llegar directamente del pueblo, tu padre está aparcando el coche. Cada día está peor este barrio y es más difícil encontrar un hueco”

“¿Le esperamos?” Dijo Miguel

“No hace falta, seguro que se pasará por el bar. Luego nos vendrá a buscar. Sabes que no le gustan los hospitales. No entra salvo que sea imprescindible”

Tuvieron que esperar algo más de media hora en la sala de espera, hasta que una joven auxiliar, que rondaba los 20 años pronunció su nombre. Miguel y su madre se levantaron y siguieron a la joven hasta un despacho al fondo del pasillo. No pudo evitar dirigir su mirada hacia el final de su espalda, desde luego tenía un bonito culo y además lo movía con gracia. Algunas ideas revolotearon por su cabeza, habían sido ya varias semanas sin sexo y las ganas volvían a aparecer. En esas estaba cuando llegaron a la consulta y ella se quedó en la entrada flanqueándoles el paso a los dos

“¿Qué tal estamos?” Dijo el doctor levantándose de la silla y saludando primero a la madre y después a Miguel.

“Muy bien, gracias”, respondiendo al saludo

“Veo que vienes muy bien acompañado”, dijo con una sonrisa mientras se sentaba en la silla detrás de la mesa de la consulta y rebuscaba en un informe que tenía colocado a la izquierda dentro de una carpeta marrón. Trascurrieron unos segundos de movimiento de papeles y de lectura de algunos párrafos. Miguel y su madre se miraron inquietos un par de veces, esperando la sentencia. Instantes que se hicieron eternos y no exentos de cierta tensión

No hay nada de lo que preocuparse. Ha sido un toque de atención. Tu cuerpo se ha quejado de la manera que sabe hacerlo. Las pruebas no dan nada negativo, salvo restos de consumo de drogas y alcohol” El doctor hizo una pausa y miró directamente a Miguel. Un par de segundos de espera, pero enseguida continuó: “ Gracias a que haces deporte tu organismo ha superado este bache, pero no debes relajarte. “Tienes que mantener hábitos de vida más saludables, especialmente en lo que tú ya sabes” Fue una sentencia breve, rotunda, pero al menos positiva. A medida que fue escuchando Miguel exhaló un suspiro de relajación, soltando tensión acumulada

“Gracias doctor. La verdad es que estaba un poco preocupado, pero me deja más tranquilo”

La madre no dijo nada con palabras, aparte de dar las gracias al médico. Miró a Miguel con un gesto que lo decía todo.

“Vuelve dentro de 12 meses para ver la evolución y cuídate”. Así terminó el doctor la breve charla, que al menos no vino acompañada de malas noticias.

Ambos se levantaron y después de un saludo protocolario salieron de la consulta. Justo en la puerta se cruzaron de nuevo con la joven auxiliar que le dedicó una amplia sonrisa a Miguel, no exenta de una invitación. Él saludó y rápidamente desvió la mirada. No era el mejor momento para buscarse un nuevo lío, sobre todo sabiendo que la bronca de su madre iba a ser dura

“No te voy a decir nada, ya lo sabes. Mejor no  diré nada a tu padre, no quiero que se lleve un disgusto. Me lo quedo entero para mi solita, voy a tener que vigilarte más de cerca”, fue su conclusión

Miguel no dijo nada. No había nada que decir. Asumir y aceptar la reprimenda de su madre y del doctor. Salieron del hospital y se dirigieron a una cafetería cercana. Su padre acababa de llamar. Lo dejaría todo de manera radical, aunque la imagen de la auxiliar volvió a su mente y esbozó una ligera sonrisa, a la que por cierto su madre respondió con un gesto típico girando la cabeza.

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