puerta de casa

Marcos abandonó el hospital acompañado de Omar y Hugo. Después de un trayecto acompañado de los interminables atascos de la ciudad y con un inmenso cansancio en el cuerpo, los tres llegaron a casa. Fue Hugo quien abrió la puerta y pasó el primero para invitar a Marcos. “Llevamos solo una semana viviendo aquí, nos acabamos de instalar y tenemos todo aún muy revuelto”. Las cajas marrones, muchas de ellas aún sin desprecintar ocupaban parte del pasillo y casi todo lo que debía ser el salón de la casa.

 “Perdona el desorden”, esta vez fue Omar quien acompañó la escusa con un “¿Te apetece cenar algo? Tendrás hambre”.

“No, gracias, tengo el estómago un poco revuelto y prefiero no tomar nada”

 “Entonces te haré una manzanilla, es lo que hacía mi madre cuando no me encontraba bien”

.Marcos se sentó en un sofá que acumulaba más años que les tres juntos. “Lo hemos encontrado en la calle, a que parece mentira. No te preocupes lo hemos desinfectado con lejía y mi madre estuvo antes de ayer con un producto, que no sé lo que era, y le ha dado el visto bueno”, añadió Omar esbozando una sonrisa que acompañaba a un gesto serio como de quien no regala las palabras.

sofa viejo

 

 “¿Tu madre?” preguntó Marcos

 “Si”, respondió Omar. “Está muy preocupada por mí, dice que soy muy joven para marcharme de casa, que qué necesidad tenía de dejarlos solos, que podía ser viendo a Hugo cada día, etc, ya sabes…  Y viene de vez en cuando a traernos comida y a colocar algunas cosas. Si te soy sincero, es ella la que está organizando la casa y colocando todas las cosas. Yo le digo que no, pero Hugo, que es tan bueno, me dice que la deje hacer lo que quiera, que así pasa mejor el trago y sintiéndose útil es más feliz”.

Madre no hay más que una y la tuya es un poco pesada, pero un encanto, aunque creo que me odia un poquito por haberte apartado de su lado dejándola sola”, dijo Hugo, entrando en el salón hasta arriba de cajas y en completo desorden. Se había cambiado de ropa, ahora llevaba una camiseta vieja de color indefinido y un pantalón corto gris de esos de estar cómodo en casa, con un gran agujero en la pernera izquierda.

“¿Podías haberte puesto algo más presentable? Que no estamos solos”, le recriminó Omar haciendo un amago de sentarse al lado de éste. Sin embargo, hizo un giro y salió para la cocina con la coletilla “voy a preparar algo para cenar… y tu manzanilla

“Marcos, ya casi es de la familia” gritó Hugo a un Omar que no sé si ya fue capaz de escucharle entre el tintineo de los cacharros de la cocina

“¿Entonces, acabáis de empezar a vivir juntos? Preguntó Marcos.

 “Si, 11 días para ser exactos. Conseguimos este piso de casualidad y vimos que era el momento para dar el paso. Llevamos ya casi un año juntos y cada día se nos hacía más difícil  despedirnos por la noche y marcharnos cada uno a su casa”, resaltó Hugo. En mi caso, como tengo 27 años, mis padres no pusieron ninguna objeción, incluso estaban deseando que volara del nido y dejase sitio libre. Somos 4 hermanos,  soy el mayor y el resto todavía vive con mis padres. Además llevo tiempo trabajando. Pero a Omar le ha costado un triunfo y su madre aún no lo ha aceptado y viene por aquí casi todos los días para ver si estamos bien o necesitamos algo”

cuadro modernoYo llevo viviendo en el barrio toda la vida, pero la verdad es que nunca he tenido mucho trato con los vecinos. Trabajo, bueno trabajaba lejos, en el Ministerio y nunca he hecho vida de barrio”, respondió Marcos

“Yo no conozco a nadie de por aquí, soy del otro extremo de la ciudad. Omar sí, lleva varios años viviendo en el barrio. De hecho su madre vive dos manzanas más arriba. Me dijo que habíais coincidido en un cineforúm, ¿A ti también te gusta el cine?”

“El cine es el mejor invento de la humanidad” aseveró Omar entrando en el salón con una bandeja de colores y dibujos extraños de algo que parecían pájaros o vegetación, no quedaba del todo claro. Sobre la bandeja, yogures, un trozo de queso, jamón, los restos de una tortilla de patata y la manzanilla para Marcos.

No, tú eres mejor”, dijo Hugo acompañando la respuesta con un abrazo a un Omar aún de pie y con ambas manos agarrando la bandeja

Estate quieto, que se me va a caer la bandeja. Además que va a pensar nuestro invitado” fue la respuesta de Omar

Nos os preocupéis, da gusto ver gente joven enamorada.

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