goteroMarcos abrió los ojos, hacía fresquito y se oía el sordo murmullo del aire acondicionado. Había poca luz, y entre la penumbra un olor muy característico a hospital. Estaba tumbado en una camilla en una sala grande con otros pacientes. Al moverse, sintió un tirón en el brazo izquierdo donde tenía una vía conectada a un gotero. Con la mano derecha levantó la sábana y vio que estaba en calzoncillos. A la derecha de la camilla, en una silla, una gran bolsa de plástico con el resto de su ropa.

Levantó la cabeza para tomar conciencia del espacio en el que se encontraba y vio como un chico muy joven, que no debía tener ni 18 años, se acercó a él. Le resultaba familiar, pero no sabía quién era. No demasiado alto, muy moreno, cejas muy pobladas y muy guapo. “¿Eres Marcos, verdad, el funcionario de Hacienda? ¿Qué tal te encuentras? Soy Omar, hemos coincidido un par de veces en el cine fórum del café Serendipia, aunque igual no te acuerdas de mí”.

“¿Qué me ha pasado?” acertó a responder Marcos, sintiendo la boca muy seca. Bebió de un vaso de agua que había sobre un pequeño apoyo simulando una mesilla.

“Parece ser que te has desmayado en la calle. Te ví caer entre un grupo de gente, me acerqué, dije que te conocía, llegó el Samur, te atendieron y después te trajeron aquí”.

“¿Cuánto tiempo llevo aquí?”

“Un par de horas más o menos. Te han hecho unas pruebas. El médico dijo que era bueno que descansases, vendrá enseguida” Omar respondía pacientemente a sus preguntas

Marcos contestó un escueto: “Gracias Omar”. Seguía sin recordar al chaval, aunque sabía que le conocía de algo, por lo dicho podían ser vecinos del barrio. Llevaba puesta una camiseta blanca sin mangas con una mancha roja en la parte delantera que contenía unas estrellas. Pronto se dio cuenta que era la bandera de la comunidad de Madrid, fondo rojo y 7 estrellas blancas. Pantalón vaquero negro corto descosido con algunos hilos colgando y unas deportivas blancas completaban el vestuario. Marcos se fijó de nuevo en su rostro adolescente con unas pobladas cejas entre las que se percibían los síntomas de la depilación manual para evitar que éstas se unieran en una sola. Ojos oscuros y muy intensos, nariz irregular y algunos pelillos de barba revoltosa en crecimiento desordenado, propios de una barba aún no formada. El gesto un tanto serio, pero amable. Su tez era oscura con un cierto tono que recordaba a los magrebíes que abundaban en Madrid.

hospital-1En ese proceso estaba, cuando llegó una mujer de mediana edad, de generosas carnes y cara redondita revestida de una sonrisa maternal y un uniforme de color verde hospital. Venía con un bote de pastillas en la mano y una hoja de papel. “¿Qué tal estás? ¿Ya has despertado?, soy la doctora Abós

 “¿Qué me ha sucedido?” Preguntó Marcos con el síntoma de la preocupación marcado en su tono de voz

“Nada grave, no te preocupes, parece ser que ha sido un golpe de calor, una pérdida momentánea de consciencia. Según nos informó el Samur cuando te atendió en la calle, recobraste rápidamente la conciencia, pero después te quedaste dormido, parece ser que estabas exhausto. Te hemos hecho un scáner y otras pruebas y no hemos encontrado nada preocupante, al menos en lo físico. Si es otra cosa quizá la respuesta la tengas tú”

“¿Me puedo marchar ya a mi casa?” Suplicó más que preguntó Marcos, como adivinando una respuesta que no iba a ser de su agrado

“Será mejor que te quedes 12 horas más en el hospital por medida de precaución por si hubiese alguna lesión no detectada. Hemos visto en tu ficha de la Seguridad Social que vives solo y esta noche necesitas estar en observación o al menos en compañía de alguien más que pudiera vigilarte. Por mucho que insistas no te dejaremos marchar si vas a dormir solo” fue la esperada explicación de la doctora

Pero  …” comenzó a responder Marcos, hasta que se dio cuenta que no tenía respuesta ni argumento que ofrecer. Iba a dormir solo y la explicación de la doctora seguía el procedimiento fijado para estos casos. Bajó la cabeza con resignación acompañado de un gesto que mezclaba fastidio con tristeza.

Anuncios