equus-cartel“Equus” es un gran montaje que puede verse en la Sala Arte y Desmayo de Madrid. Impactante, brutal, perturbador, incómodo y brillante. La pena es que se despiden el domingo 27 de noviembre, al menos por ahora. Reflexiones sobre nuestras pasiones más íntimas, lo sexual, lo trascendental, lo que está en los más profundo de cada uno de nosotros y  una pregunta:  ¿Es lícito o moral sofocar y apagar esas pulsiones íntimas en aras a mantener un “correcto” comportamiento social? Y algunas derivadas de la misma pregunta  ¿Y si esas pasiones significan vivir y apagarlas es la condena a una vida insulsa? ¿Merece la pena arriesgarlo todo por una pasión llevada al extremo, a la veneración?

Preguntas y respuestas que removerán al espectador en su butaca. Una función áspera y difícil, de las que dejan huella y por lo tanto merece la pena. El texto de Peter Shaffer es brutal alrededor de esta idea incómoda y perturbadora de un joven fascinado por los caballos, donde lo sexual y la veneración están muy presentes. La puesta en escena y la dirección de Carlos Martínez-Abarca es interesante utilizando con gran tino unos recursos minimalistas,  el juego de luces y sonidos y algunos elementos tecnológicos. La sala pequeña y acogedora se convierte casi de manera simultánea en la consulta del doctor, la habitación del psiquiátrico y las caballerizas.

Pero a mí me interesa más hablar de las interpretaciones, de los complejos personajes dibujados con pulso firme por el autor, que se desparraman llenando la sala desde lo más íntimo de los actores que les dan vida. “Equus” es una obra de personajes, de emociones intensas y extremas, de límites y de retos a superar. Personajes que exigen compromiso y entrega, pero que también son un “bombón” para cualquier actor

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Juanma Gómez (Doctor Martín Dysart) y Sergio Ramos (Alan) en Equus

Empezando por Alan, un joven de 17 años absorbido por una pasión extrema que llega a la veneración y bordea lo enfermizo. Un joven tímido, sin amigos, muy influenciado por las ideas religiosas de su madre y el control de su padre, que comienza a trabajar en un establo los fines de semana y acaba en un centro psiquiátrico bajo la supervisión del docto Martín que debe averiguar porque cegó a 6 caballos con un punzón. Este joven está interpretado por Sergio Ramos, que de manera soberbia ha sabido captar la esencia de ese joven desorientado, perdido y sumido en sus pasiones, pero huyendo del estereotipo del enfermo mental. Por momentos vemos su mirada serena, sus angustias e incluso cierta picaresca con una interesante mezcla de inocencia e inteligencia. Experimenta un viaje de emociones y sentimientos de casi dos horas en un magnífico trabajo actoral.

El segundo gran personaje es el doctor Martin Dysart, un psiquiatra en la cima de su carrera profesional acostumbrado al reconocimiento que se tiene que enfrentar al reto de desentrañar que se oculta en la mente de este joven. Utiliza diversas técnicas y poco a poco irá descubriendo sensaciones que le remueven por dentro y le enfrenta a sus propios traumas. El psiquiatra es Junama Gómez que mantiene con equilibrio el peso de la función con una presencia permanente en escena

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Maria Heredia (Eva/Chispa) y Sergio Ramos (Alan) en Equus

También están los padres, Pablo Méndez/David Lázaro y Magdalena Broto que nos dan nuevos puntos de vista, muy enriquecedores. Ese padre ateo y controlador y esa madre presa de unas convicciones religiosas que más que un alivio son un tormento para ella. Son el ejemplo del fracaso en su relación y en la educación de su hijo, pero si miramos en detalle, especialmente la madre, descubrimos un personaje rico en matices que se resiste a permanecer en la autocomplacencia de asumir una culpabilidad impuesta socialmente. Y Eva, esa joven que trabaja en las caballerizas, interpretada por María Heredia, que ayuda a Alan a descubrir  todo lo interesante que puede ser el contacto íntimo con otras personas.

Y mención aparte los caballos que aparecen en escena: Diamante, Troyano o Chispa interpretados por Darío Sigco, Íñigo Elorriaga y María Heredia, respectivamente. Horas de intenso entrenamiento en colaboración con la Asociación Madrid Help Horses para un trabajo cuidado hasta el mínimo detalle que hace grande la obra. Realmente vemos los caballos en escena, aunque en el cuerpo de un hombre o una mujer, los gestos, los sonidos, los movimientos son dignos de reseñar.

Un montaje grande en una sala pequeña que no alcanza los 50 espectadores demostrando como se puede hacer un trabajo cuidado y meticuloso con pocos recursos. El próximo domingo 27 de noviembre finaliza su recorrido en Arte y Desmayo esta producción de la propia sala, pero seguro que estos caballos y estos jinetes encuentran un lugar donde seguir recorriendo millas junto a nuevos espectadores en este viaje de emociones y sentimientos hasta las pulsiones más profundas a través del alma de Alan y el espíritu “Equus”.

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