parejaLa noche del reencuentro no la olvidaría jamás. Mario empezó la noche flotando en una sensación de irrealidad absoluta. Allí sentados en la peña, en lo más alejado de la música comenzaron las preguntas y algunas confidencias. Eran muchas las cosas que se tenían que contar, de esos 4 largos años de ausencia, los estudios en el colegio interno, la añoranza, los cambios experimentados. Pero, sin saber por qué, todo dejó de tener importancia, ellos estaban allí en el pueblo donde el tiempo parecía haberse detenido. Solo tenía importancia el presente, el pasado ya no existía y el futuro aún estaba por llegar.

Armado de un valor que él mismo desconocía tener, Mario no tardó en lanzarse a declarar su amor incondicional a Rosa. ¿He pensado mucho en ti. Te he echado mucho de menos. He soñado cientos de veces este momento de rencontrarme contigo. Rosa, sin embargo, sin dejar de sonreír, le quitaba importancia a las cosas.

Yo también me he acordado de ti, de aquella carta que me escribiste cuando todavía eras un niño. ¿De verdad sentías todo eso por mí?”

“Si, y más y ahora que no soy un niño, siento lo mismo multiplicado por cien”

Solo por cien, Pues no sé si será suficiente”, respondió Rosa con un además de coquetería propio de las chicas que no lo iban a poner fácil

Y tú, Rosa, sientes algo por mí”. De repente la pregunta, mirar al vacío y saltar con confianza en que exista una red, pero con la duda de no estar seguro. Momentos de espera, de tensión, esperando la respuesta

“Somos amigos, eso sí que lo sé” Rosa respondió con un ligero gesto de contrariedad

“¿Y solo amigos, podremos ser algo más?” Mario seguía sorprendido por un valor que desconocía tener entre sus armas

“Es pronto aún. Acabo de llegar y son muchas las emociones que he vivido esta noche. Vamos a bailar y a divertirnos con los demás. Ya tendremos tiempo de hablar, aun quedan muchos días de vacaciones”. Sin terminar la frase y con la sonrisa en la boca se levantó del sofá de dos plazas donde estaban sentados y tiró de la mano de Mario para invitarle a que la siguiera junto al grupo.

Gente bailandoMario, con cierta desgaña y la cara llena de dudas, acompañó a Rosa y comenzó un amago de baile con sus colegas que duró solo un instante. Jaime, que estaba más contento de la habitual, tiró su cubata mojando a todos.

“No pasa nada, viva la fiesta” dijo Jaime con la voz pastosa fruto del alcohol

El incidente quedó en un simple detalle. Rosa continuó siendo el centro de atención toda la noche y estuvo bailando sin parar acompañada en muchos momentos por Miguel,  que desprendía el encanto de las mejores ocasiones. Mario los miraba de vez en cuando con cierta desconfianza. No le gustaban los gestos y las maneras de Miguel con Rosa, estaba “demasiado” encantador con ella.

La verdad es que todos estaba contentos y felices, no sé si por la peña a estrenar, por el alcohol que bebían al que tampoco estaban tan acostumbrados, por la llegada de Rosa o simplemente porque eran jóvenes, de vacaciones y de fiesta. Mario esperó un tiempo prudencial, estando pero sin estar, con la mente en la conversación mantenida con Rosa, mirándole de vez en cuando. “Parece que no va a ser fácil, pero tampoco ha dicho que no”.

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