SleepPasaron unos días de inusitada calma en la vida de Miguel. Desprendido de una pesada carga, aprovechó esa semana de descanso acordado con su trabajo hasta la espera de los resultados de su revisión médica. Hacía tiempo que no dormía tan bien y se levantaba tan relajado. Recuperó el placer de la lectura descubriendo algunas joyitas que sin el recordarlo poblaban su más que apreciable biblioteca y también rebuscó algunos clásicos de cine negro que pudo ver con placer en un lector de cd´s que ya casi había olvidado como funcionaba. Varios días sin sexo de ningún tipo, algo totalmente desacostumbrado en él, pero que le proporcionaba una extraña calma. No sentía la necesidad de competir por nuevas conquistas.

Tampoco tenía frente a él ninguno de esos “dead-line” tan típicos de las consultoras americanas que siempre eran urgentes e importantes para los que, no sé si tanto por la empresa como por él mismo, se sentía imprescindible. Recordó alguno de los proyectos en los que estaba trabajando con la intensidad y premura habitual: un estudio de viabilidad de una bodega en la Rioja, un informe de solvencia para una entidad financiera que presionaba cada día y dos “business plan” de sendas “start up” pendientes del apoyo de inversores de capital para lanzarse al mercado. Todos esos proyectos, que apenas unos días atrás eran importantísimos, vitales para la marcha de su empresa consultora, ahora apenas parecían un vago recuerdo en la memoria. ¿Dónde estaba la urgencia?, ¿Quién lo estaría haciendo ahora? Seguramente alguno de sus compañeros gerentes de la firma habría heredado “los marrones” que él dejó a medias. Lo sintió de verdad por quien le hubiera tocado, aunque igual también era una oportunidad que estaba esperando y con su decisión había hecho feliz a alguno de sus compañeros. En todo caso, los recuerdos del trabajo ocuparon muy poco tiempo de esa semana.

zapatillasViajó hasta el pueblo para visitar a sus padres. Qué extraño le pareció reencontrase de nuevo con ellos en la casa familiar, sin discusiones  y sin la necesidad de tomar partido por ninguna parte, lo que había sido la constante durante los más de  25 años en que habían estado separados. Y ahora, nada más jubilarse, otra vez juntos. Las sensaciones que sintió le remontaron a los años de infancia, cuando aun eran una familia unida, aunque pronto  rota por las diferencias de carácter y parece ser que también por alguna infidelidad que otra de su padre, sobre las que nunca había querido profundizar. Siempre pensó que había heredado de su padre esa habilidad innata para rehuir el compromiso en todas las relaciones que había tenido. Su padre siempre comentaba que había sido “cazado” por la que fue su esposa, la madre de Miguel,  durante los años que permanecieron casados. Y ahora parecía tan feliz de nuevo con su mujer como si el pasado no existiera  ¿Sería él capaz de encontrar el amor con una única mujer y mantenerse unido un tiempo al menos?

Tres días en el pueblo que pasaron volando acompañados de una extraña sensación de irrealidad, como si estuviera viviendo una nueva dimensión. Mantuvo algunas charlas con sus padres, charlas tranquilas y reflexivas como nunca antes lo habían hecho. Recordaba las visitas anteriores, casi siempre fugaces y por separado  entre viajes y proyectos. Unos padres que siempre le habían dado todo o casi todo lo que había querido a un hijo único que desde muy pequeño supo jugar muy bien sus cartas, consiguiendo de uno lo que el otro negaba. También, es cierto que tuvo que soportar  los reproches y los dardos envenenados y llenos de odio que se lanzaban entre ellos, especialmente de su madre cuando Miguel se independizó y ella se quedó sola. Pero todos esos momentos malos había desaparecido casi como por arte de magia y ellos parecían vivir un nuevo romance partiendo de cero, excepto en lo referente a él mismo. Al menos, de él no se habían olvidado.

NubesEn esas charlas les pudo explicar cómo se sentía, la reciente visita al médico, las pruebas adicionales y los resultados pendientes para unos días después, la muerte de Mario, el reencuentro frustrado con Marcos, las ideas que recorrían por su cabeza, el propósito de frenar esa loca carrera hacia la autodestrucción que parecía haber tomado. Contarlo le sentó bien, como dicen los psicólogos hay que echar fuera las cosas para que no se nos pudran dentro. Y sus padres escucharon, comprendieron y animaron, pero sin reproches y sin recordarle lo malo de su vida licenciosa y peligrosa. Su madre insistió en acompañarle al médico a por los resultados, después de su intento frustrado de convencer a Miguel de que se quedase más días en el pueblo, a lo que este se negó aunque con la promesa de volver pronto.

Volvió a casa y dejó el pueblo, con el convencimiento de que la familia siempre está ahí y también de que a pesar de su negativa, su madre se presentaría en la clínica para conocer los resultados de primera mano. ¡Qué difícil es decir que no a una madre!

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