DespertadorLas dos cajas de pastillas para dormir seguían intactas sobre la mesilla del dormitorio de Miguel. La mañana llegó de manera abrupta, casi violenta. El sonido de un despertador que no recordaba haber puesto por la noche y un frió intenso acompañaron el despertar sobresaltado de Miguel. Apago el reloj chivato, miró la hora y al ver las 7:00 de la mañana lanzó un “buff” y se dejó caer de nuevo sobre la cama.

Exactamente 9 minutos después, el despertador siguió con su trabajo programado y sonó de nuevo como fiel cumplidor de obligaciones adquiridas. Esta vez fue un manotazo de Miguel lo que lo lanzó contra el suelo, pero a pesar de la caída al lado de las zapatillas, con rebote incluido, no dejó de sonar hasta unos instantes después. Miguel cerró los ojos de nuevo con la intención de reencontrarse con el sueño perdido, pero fue imposible. Mentalmente repasó lo que tenía previsto para las siguientes horas: hablar con su jefe, llamar a sus padres e ir a ver a su prima Luz, que era como la hermana que nunca había tenido, incluso pensó en llamar a alguno de sus amigos. Seguía firme en la idea de tomarse unos días de descanso, al menos hasta conocer los resultados de las pruebas que le había hecho en la clínica del doctor Valpincia.

Se levantó, ducha rápida, desayuno tranquilo y pausado. Con el albornoz puesto, encendió el ordenador para trastear entre el mail, internet y un breve repaso a lagunas de las noticas del día. Tenía la costumbre adquirida de repasar la prensa al arranque del día, Siempre era bueno estar informado de lo que lo sucedía a tu alrededor, aunque quizá a partir de ahora sería distinto. Hacía tiempo porque aún era temprano para hablar con su jefe, que nunca aparecía antes de las 9:30 de la mañana. Eso sí, después de dejar a sus tres niños en el colegio. Si, estaba casado con una ejecutiva de ventas de una multinacional y tenía tres hijos entre 5 y 10 años y era poco mayor que él, ni siquiera había cumplido los 40. Y Qué tenía él? Ni esposa, ni novia, ni hijos, ni futuro…

HuertoLlamó a la casa de sus padres. Curiosamente hacia poco más dos años que había vuelto juntos, justo nada más jubilarse ambos. Más de veinte años separados, casi sin dirigirse la palabra y con un odio feroz entra ambos y ahora, cumplidos los 65, deciden volver. Miguel no sabía si era un ejemplo de que nunca es tarde en el amor y todo es posible en las segundas o terceras oportunidades o simplemente era un amago por evitar la soledad con eso de “mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”. En todo caso, llamó para programar una visita al pueblo, donde ahora pasaban unas buenas temporadas dedicados, su madre a la artesanía en madera y su padre al cultivo de un huerto cada vez más grande y trabajoso, cuando nunca hasta entonces se había acercado a una tierra. Un ratito de charla con una madre extrañada con el tono de voz de Miguel y con una cierta preocupación rápidamente ahogada con la promesa de una próxima visita.

telefonoDespués cogió el teléfono de nuevo y lo miró fijamente dando trascendencia al momento. ¿Estaba seguro de lo que iba a hacer? ¿Dejar el trabajo, aunque solo fuera temporalmente era un riesgo quizá demasiado grande para una situación económica no rebosante de estabilidad? Era cierto que había ganado mucho dinero, con un sueldo que como mínimo triplicaba la media nacional, pero de la misma forma que entraba, salía, incluso esto último con más rapidez cada vez, siendo necesario el colchón de la tarjeta de crédito oro para llegar más de una vez a final de mes. El día que explicaron en clase en lo que consistía el ahorro, no había estado demasiado atento. Estuvo unos minutos pensando mientras miraba el teléfono. Aspiró y expiró tres veces seguidas y marco el teléfono de la oficina.

Fue más sencillo y rápido de lo previsto. En la oficina intuían ya algo extraño en la revisión médica y en su comportamiento de los siguientes días. Todo quedó en unos días de descanso esperando los resultados. Miguel creía que abandonar el trabajo era definitivo, pero un ramalazo de prudencia le hizo contenerse y todo quedó en algo temporal. Colgó, respiró, apuntó una ligera sonrisa y se dirigió al dormitorio para vestirse.

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