Posicion fetalSe tumbó en la cama rodeado de una sensación de irrealidad. El sonido del televisor de los vecinos paró de repente y el silencio se apoderó de la habitación. Inspiró y expulsó el aire una vez, dos, tres, cuatro. Marcos comenzó a sentir una angustia cada vez más intensa que amenazaba con asfixiarle por momentos. Quería recobrar el control, cerró los ojos e intentó respirar de nuevo. Algo estallaba en su interior y no sabía qué. Encogió todo su cuerpo buscando la posición fetal, se giró, cambió de posición y al final un grito desgarrador al tiempo que se incorporaba de la cama bañado de sudor y peleando por cada gramito de aire para sus pulmones.

Respirando entrecortadamente se levantó de nuevo, había lágrimas llamando a la puerta de unos ojos inyectados en sangre. ¿Qué le pasaba? ¿Qué horrible sensación paralizaba todo su cuerpo y sometía a su mente a un letargo que le impedía razonar? Un minuto,  dos, tres, varios minutos de pie en su dormitorio con la cara descompuesta reflejada en el espejo de la cómoda de su dormitorio. Se vio a sí mismo y se asustó al no reconocer a esa persona que habitaba su cuerpo.

Poco a poco, fue recuperando la calma. Se dirigió al baño, se quitó el pijama y la ropa interior. Abrió el grifo de la ducha y entró, dejando que el agua fría resbalase por su piel. “Está helada“ pensó, pero sentía que le hacía bien. El choque con el agua fría hizo que esa sensación de angustia comenzara a abandonarle. Fue relajando su respiración consiguiendo un ritmo más controlado. Giró el mando del grifo para aumentar la temperatura del agua, que se tornó templada, casi caliente, generando una agradable sensación de bienestar.

Angustia manos y lazosUnos minutos después salió de la ducha, se embozó  el albornoz y se secó cabeza y pies antes de encaminarse a la cocina a buscar algo de comer. Después de un tiempo invadido por una angustiosa desesperación, su cuerpo reclamaba alimento y supo que eso era buena señal. Huevos, beicon y unas beans semidulces en un bote empezado que tenía en el frigorífico. Un branch que preparó en apenas unos minutos. Con el plato aún humeante se sentó en una silla de la cocina y se puso a comer con la mirada fija en el plato, devorando como un autómata, como alguien incapaz de sentir.

 ¿Qué me pasa? ¿Qué hacer? Eran las preguntas que sonaban en su cabeza mientras pasaban los minutos. Además de todo, acaba de perder el trabajo, lo único que sabía hacer. Buscó un libro que había leído recientemente, una especie de tratado de filosofía de andar por casa y para gente corriente que había escrito Lou Marinoff  titulado “Más Platón y menos Prozac”. Lo abrió y buscó las páginas en las que hablaba de la depresión. Antes, sin embargo llegó a la explicación del proceso PEACE, las 5 fases a seguir para enfrentarse a los problemas con filosofía: Problema, Emoción, Análisis, Contemplación y Equilibrio. En este proceso lo primero es identificar el problema  y después descubrir las emociones que éste le provocaba, antes de entrar en la tercera fase donde se analizan y enumeran las opciones disponibles para resolver el problema. Marcos seguía leyendo el texto, que recodaba vagamente. En la fase de contemplación se pedía dar un paso atrás y contemplar el problema con perspectiva, antes de llegar a la fase de equilibrio y completar el proceso. “Pero si no sé ni cuál es mi problema, no lo tengo claro, solo sé que me asfixio y no puedo respirar. Todo a mi alrededor se ha convertido de repente en una pesada carga que no soy capaz de soportar” Estas  eran las reflexiones de Marcos, al tiempo que continuaba buscando en el libro lo que había leído bajo el titulo de depresión. “Si está deprimido se sentirá despojado de significado y propósito, aunque puede considerar la posibilidad de que su propósito sea pasar por esa depresión. La actitud es lo más importante  para vencer esa batalla, descubrir una ilusión para seguir viviendo” Antes de cerrar el libro alcanzó a leer una frase atribuida a William Shakespeare “Los cobardes mueren miles de veces antes de su muerte. Los valientes experimentan la muerte una sola vez”. Impactado por esta frase Marcos una idea comenzó a revolotear en su cabeza “¿Era él un cobarde que no quería abrir los ojos a la realidad? ¿El suicidio es un acto de cobardía o de valentía?”

Volvió al dormitorio y se dejó caer de nuevo sobre la cama.

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