tristeza1Marcos seguía frente a su ordenador, no conseguía alejar sus dudas ni su tristeza. Dar un paso adelante, pero cómo y qué hacer, seguir dando pasos cortos y confiar en que todo puede cambiar o mandarlo todo al traste. De nuevo el suicidio y Mario aparecieron en su mente como un fogonazo. Recordó algo que había leído hace tiempo en un blog un artículo que hablaba del suicidio y pronto se vio con la pestaña de google abierta delante de él y sin tiempo para la duda, tecleó la palabra maldita: suicidio. 

Cientos de referencias aparecieron ante sus ojos. “La primera vez no sé por qué lo hice, fue en el metro, me quedé paralizado cuando ví que se acercaba…. La última, un tubo de pastillas después de mi visita al psicólogo. Yo creía que estaba loco…” eran las declaraciones en una entrevista de un joven que lo había intentado en varias ocasiones. El periodista hablaba de la mirada, la vulnerabilidad y la valentía necesaria para enfrentarse ante algo así y sobre todo para contarlo después, quizá como experiencia liberadora. “No me avergüenzo de lo que hice, pero me arrepiento por lo mal que lo ha pasado mi familia, sobre todo mis padres …. Me fui pronto de casa para ganarme la vida y quizá me eché encima demasiadas responsabilidades para mi edad”.

Dejó atrás esa entrevista, y Marcos se preguntó en voz alta ¿Por qué lo hiciste Mario? ¿Por qué no pensaste en quienes nos quedábamos aquí? ¿Qué razones hay para rendirse o para seguir luchando? Y el mismo se respondió con argumentos como cobardía, miedo, la gente que está más cerca, las convicciones religiosas y sobre todo la ilusión de que todo puede ir mejor en el futuro. Recordó su  última conversación con Mario. Éste estaba bastante deprimido por la enfermedad de Rosa, pero hablaron de la vida, de lo maravillosa que puede ser, de todas las cosas que tenían por delante, de todo aquello que no se podían perder. Sin embargo, Mario parecía vulnerable y su mirada asustada, muy lejos de la seguridad que siempre había demostrado.

manos frente al ordenadorComenzó a escribir, quería hablar sobre Mario, quizá esa conversación de despedida que no había podido tener, quizá unas líneas para dejar por escrito lo importante que había sido para él. Un homenaje en forma de texto escrito, de palabras depositadas en un papel como si de un préstamo a fondo perdido se tratara. Palabras que bien podían echar a volar en cualquier momento, palabras que podrían servir de consuelo a algún alma atormentada, como la suya.

 “Mario siempre fuiste my sensible, entregado a tus amigos y fácil de querer. También eras muy trabajador y responsable, y  muy sociable, se notaba que te gustaba la gente. Siempre de buen humor y con muchas ganas de vivir, lo querías hacer todo, probarlo todo, o  casi todo. Cuantas locuras me obligaste a hacer, tú proponías y yo siempre me lanzaba contigo. Como te gustaba saborear la vida y aprovechar los momentos. Luego, maduraste, aunque nunca demasiado, y comenzaste a dar pasos más cortos y más seguros. Nunca olvidaré tu mirada limpia, sonrisa sencilla y una contradictoria mezcla de inocencia juvenil y madurez.

Mario, la  vida puede ser maravillosa y lo sabes, aunque  a veces se obstine en demostrarnos lo contrario. Aun sin ti, hay que seguir adelante. Si hay cielo, allí me gustaría encontrarte de nuevo. Gracias por tu  cariño y por  tu amistad. Gracias también por tus silencios y por tu comprensión. Gracias por ser como eras. Gracias por dejarme compartir tu vida contigo. Gracias porque  ha merecido la pena”.

soledadExpresar sensaciones en un papel, escribir, borrar y volver a escribir, releer y cambiar frases y palabras. Es difícil porque quiero que sea especial, quiero que salga bien, quiero ser  capaz de reflejar, al menos, algunas pinceladas de tu vida y de cómo eras o al menos de cómo yo te veía. Me hubiera gustado compartir más momentos contigo, aunque fueron muchos, nunca suficientes.

No sé si alguna vez te dije lo importante que eras para mí, durante mucho tiempo fuiste la persona más importante de mi vida. Siempre me quedará el deseo incumplido de una despedida, de un último abrazo, de una confidencia y quizá también de alguna confesión.  En el cielo hay una estrella que brilla más que las demás, a la que miro de vez en cuando y me acuerdo de ti. ¡Que solo me has dejado y cuanto te echo de menos!”

Marcos, dejó de escribir y comenzó a llorar……

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