reencuentroDespués de la inesperada llamada de teléfono y la autoinvitación de Miguel, era media tarde, cuando al abrir la puerta de su casa, Mario se encontró con él. Sus miradas de cruzaron. Le vio mayor y percibió una forzada y ligera sonrisa que no podía ocultar una tristeza que por alguna razón no lograba encajar en la imagen que recordaba de Miguel. Un instante de sock y de silencio roto por un ¡Hola, soy yo! ¿Tanto he cambiado que no me reconoces?

No, hola, perdona, pasa;  las palabras se atropellaron en su boca peleándose por salir

Se dieron un tímido abrazo y entraron en casa.

Vamos al salón, ¿Qué quieres beber? Preguntó Marcos

Algo fuerte, si no te importa ¿Tú sigues sin beber alcohol?

Si, prácticamente no bebo nada, salvo en alguna ocasión especial

¿Hoy por ejemplo? Preguntó Miguel enarcando las cejas y abriendo los ojos en ese gesto tan suyo que siempre invitaba a seguirle

Está bien. Tu, whisky, imagino que no has perdido la costumbre

Sí como siempre, ya sabes Ballantines si tienes, pero con naranja, me he borrado de la Coca Cola

Ponte cómodo, voy por hielo, comentó Marcos mientras abandonaba el salón

En ese momento Miguel se quitó la cazadora y se sentó en el sofá, mientras recorría con la vista las vitrinas llenas de botellas de ginebra y de cerveza, todas ellas diferentes. Cuando Marcos regresó al salón con dos grandes vasos llenos de hielo en una mano y el refresco en la otra, Miguel le preguntó por las botellas ¿pero si tú nunca soportaste la ginebra?

botebbas ginebraHay muchas cosas que no sabes de mí, ha sido mucho tiempo. Tuve mi época de pasión por los gin-tonic, aunque no me duró más que un par de años, justo antes de dejar prácticamente la bebida, pero lo que si me quedó es la afición de coleccionar todas las marcas posibles. Dejó los vasos y el refresco sobre la mesa y se dirigió al aparador de las botellas, cogió una. Esta es la más cara, Nolet´s, dry gin, es americana y cuesta más de 100 euros la botella, pero la más extraña es una australiana,  la Lark Tasmanian, peperberry gin on 40 grados. La reservo para cuando tenga algo muy feliz que celebrar

Muy interesante, erudito de las ginebras. ¿Cómo te van las cosas? preguntó Miguel, al tiempo que se servía una generosa ración de Ballantines en uno de los vasos, del que previamente había quitado varios hielos.

Bien, no me puedo quejar. ¿Y tú que tal? Imagino que sabes lo de Mario. Iba a llamarte, pero mi madre me dijo que ya lo sabías

Sí, vaya putada. ¿Un suicidio? No me lo puedo creer, sabía que estaba muy unido a Rosa, pero después de más de 2 años de enfermedad, creía que ya estaba preparado.

Por lo visto nunca estás preparado, añadió Marcos. Fue el gran y único amor de su vida. ¿Te acuerdas cuando le dio un beso, y le escribió una carta de amor. No sé cuantos años teníamos, pero éramos muy pequeños todavía

Teníamos 12 años, fue ese  verano. Probablemente el último verano de nuestra infancia.

Recuerdas lo mal que lo pasó, nosotros nos reíamos de ese amor tan intenso que le entró. Estuvo varios meses hecho polvo, pero lo superó. Desde entonces ya no fue el mismo, se hizo como mayor de repente, aunque los siguientes veranos fueron casi los mejores, por lo menos para mí. Siempre fuimos tres, dispuestos a divertirnos y a comernos el mundo, ahora solo quedamos nosotros. Mientras Marcos pronunciaba estas palabras el hilo de emoción con el que comenzó la frase se trocó en tristeza precuela de llanto, como le había pasado estos últimos días, cada vez que recordaba a Mario

Miguel acercó su mano a la espalda de Marcos en un amago de abrazo frustrado, porque éste se apartó. Ya está, no más lloros que creo que me voy a deshidratar de tanta lágrima.

Fueron buenos veranos, yo los recuerdo con mucho cariño, casi como los mejores momentos de mi vida. Hasta el año que cumplimos 16.

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