Doctor escribiendoFue un ligero mareo. Al escuchar las tranquilizadoras palabras del doctor, Miguel se recuperó enseguida y tomó asiento en la silla de la consulta. “Ha sido un error, confundimos los resultados y por ahora no tiene de qué preocuparse”, repitió el doctor. Miguel respiró profundamente, se frotó las manos “¿Cómo es posible que jueguen con las personas de esa manera?”. “Todos comentemos errores, al fin  a cabo somos humanos”, se defendió el doctor. Mario estaba furioso, había pasado unas horas de incertidumbre con muchas ideas revoloteando a su alrededor que habían abierto una herida. Como en una retransmisión por internet, con unos segundos de retardo, recuperó las palabras del doctor, eran tranquilizadoras, pero había un “por ahora” que requería más explicaciones.

“¿Qué significa, por ahora?” Preguntó Miguel. El doctor, inspiró largamente, se acomodó en la silla de su despacho y apoyando sus antebrazos en la mesa respondió “En sus primeros resultados saltó un indicador de riesgo sobre una de las válvulas de su corazón, un leve defecto de sincronía que atribuimos a un exceso de esfuerzo, motivado quizá por el estrés. Hemos descartado algunos factores de riesgo, sin embargo, nos gustaría realizar pruebas adicionales para eliminar todas las posibilidades”. Miguel sólo pudo abrir los ojos mostrando asombro. El doctor continuó: “Esta mañana he revisado su ficha y tengo la impresión de que quizá no ha sido del todo sincero en sus respuestas en cuanto a ciertos hábitos y consumo de  ciertas sustancias, ya me entiende”. “No le entiendo”, respondió Miguel, ¿podría ser usted un poco más claro?”. “Le seré sincero, espero que no se lo tome a mal, normalmente detectar cierto tipo de drogas en el organismo excede del trabajo que como mutua laboral nos encarga su empresa. Sin embargo, en su caso, al ver los resultados iníciales, las nuevas pruebas y el primer diagnóstico erróneo, he revisado  todos los datos y quizá sí que existan alarmas que nos deban preocupar. No es nada seguro, pero nos gustaría realizarle un estudio más completo”

Doctor¿Estoy enfermo? ¿Tengo algo grave? ¿Que ha dicho sobre drogas? ¿Tiene que ver con mi empresa?” Escupió todas las preguntas sin apenas intervalo entre ellas. El doctor Valpincia, le pidió calma acompañando con el gesto sincronizado de mover ambas manos en dirección a la mesa. “Le voy a explicar. En cuanto a su empresa, según las pruebas que nos encargan, ya les hemos remitido el informe sin comentarios más allá de los habituales. Lo que le quiero decir es más a nivel personal y también relacionado con la experiencia que tenemos en casos similares de directivos jóvenes como usted con un importante desgaste físico unido al consumo de alcohol y drogas”. Miguel indignado se dispuso a negar la mayor, pero el doctor fue más rápido “Ni soy su padre, ni su jefe, ni por supuesto ningún sacerdote en cruzada contra las perversiones de la juventud. Sólo soy un médico de una clínica que ha detectado algunos puntos de riesgo en su comportamiento que a medio plazo podrían suponer un elevado riesgo dolencia cardíaca  de imprevisibles consecuencias. Por eso mi propuesta es realizarle una serie de pruebas médicas en detalle para descartar posibles riesgos. Aunque para empezar le sugiero que elimine el consumo de drogas y alcohol, o al menos que lo reduzca de manera considerable. Es su decisión y yo le repito que ni soy su padre, ni un cura salvador”

Hombre grisMiguel se quedó en silencio, las palabras del doctor cayeron como un mazazo y la angustia de las últimas horas, desde que recibió la carta con la cita médica, se hizo de nuevo presente. Los mismos pensamientos tristes y sin saber por qué volvió  a pensar en Mario, en su muerte sin sentido, en su desinterés por ir al entierro. Se sintió culpable por haber abandonado a un amigo. Lloró, aunque apenas unas lágrimas, asomaron tímidamente por sus ojos dispuestas a precipitarse por la pendiente de sus mejillas. Sin embargo, no llegaron a cumplir su objetivo, puesto que una mano y un pañuelo de papel abortaron su misión.

El doctor esperó unos instantes y volvió a preguntar a Miguel, quien en una voz que era poco más que un susurro, contestó que sí. ¿Cuándo quería hacerle las pruebas? Ahora mismo, si tiene tiempo, cuanto antes sepamos la respuesta y descartemos los riesgos mejor. Miguel asintió. Ambos salieron del despacho y caminaron hacia el interior de las dependencias de la clínica. Ocultarse no sirve de nada, hay que ser valiente y enfrentarse a un diagnóstico reservado.

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