Adios veranoEl verano se acabó con ese aire amargo de derrota. Volver a la ciudad, a la rutina, al colegio, a  los estudios, abandonar la vida ociosa, el acostarse tarde y levantarse sin prisa. Sin embargo, ese verano había dejado una profunda huella en su corazón, Rosa, la niña de la que estaba totalmente enamorado. Después de los días de incertidumbre en espera a su respuesta a la carta de amor, seguía sin saber prácticamente nada. Su abuela había actuado como intermediaria hablando con el abuelo de Rosa, el viejo alcalde cascarrabias, pero solo  consiguió saber que Rosa estaba bien, que cambiaba de colegio y que pronto le escribiría. Pero nada más.

El retorno a la ciudad fue más duro que nunca. El habitual desasosiego de cada comienzo de un nuevo curso, estuvo acompañado por esa mezcla de melancolía y tristeza en Mario. Era una sensación muy extraña y desconocida para él, como una especie de abandono. Lo peor es que seguía sin recibir noticias de ella, solo la espera y el silencio. Se había imaginado miles de reacciones, desde el desdén y rechazo más absoluto al más extremo y compartido enamoramiento o incluso había días en que ganaba la opción de que ni siquiera hubiera leído la carta. Pensaba en ella y en ella pensando en él. Pero a medida que pasaban los días, la idea de derrota se imponía, era la única justificación plausible para la ausencia de respuesta.

Llego el otoñoEl otoño llegó con fuerza y cargado de lluvias, largas horas en casa por la tarde, aburrido y perdido. Ni siquiera, el reencuentro con sus amigos de la ciudad consiguió sacarle de su estado. Además el colegio se convirtió en una pesadilla, acababa de empezar 7º de EGB y los profesores se estaban mostrando especialmente duros. Mario nunca había tenido problemas y sus notas pocas veces bajaban del sobresaliente. Sin embargo, después de los exámenes de la Primera Evaluación, el desastre se confirmó. Don Antonio, su tutor, al que todos llamaban “El búho” por su mirada, alarmado, hizo venir a sus padres al colegio a una reunión. No se explicaban las razones del descalabro en la notas, con 2 asignaturas suspensas y el resto unos mediocres suficientes. Una vez más, Carmen, su preocupada madre intentó hablar con Mario para saber lo que le pasaba. La respuesta llegó con la abuela en una visita a la ciudad a finales de noviembre. Hasta su padre, siempre trabajando, tuvo que tomar cartas en el asunto. Era necesario hablar con los padres de Rosa.

Fue en el puente de diciembre, cuando se juntaban los días de la Constitución y la Inmaculada Concepción de María, cuando regresó al pueblo con sus padres  a pasar unos días. Mario anhelaba volver a ver a Rosa, como reflejaba un corazón de que desde hace días parecía se iba a salir del pecho. Había recobrado la alegría, propósito de enmienda con sus padres y promesa de retomar los estudios con esfuerzo. Todo por estar un rato con ella. Ya en el pueblo, sus padres fueron a la casa del viejo alcalde a preguntar por Rosa o por su familia. La única respuesta que obtuvo es que la niña estaba interna en un colegio de la sierra norte de Madrid. Según contó el abuelo, había aflojado en sus estudios y sus padres habían decidido internarla. Esa era la respuesta oficial, lo que no contó el abuelo, pero corría de boca en boca por el pueblo, es que los padres de Rosa se estaban separando. Llevaban un tiempo con una grave crisis matrimonial y habían decidido separarse temporalmente y, para no involucrar a su única hija y aprovechando el bajón en los estudios, la alejaron del entorno familiar.

Mario se veía cercano a la locura por amor, Rosa interna y sin comunicarse con él, sus padres a punto de separarse, ¿Qué iba a ser de Rosa? Qué pena!, al menos sus propios padres parecían muy unidos. En esas estaba, abatido en su dormitorio, cuando sus inseparables Marcos y Miguel, fueron a buscarle. Ellos también habían llegado al pueblo para pasar esos días y habían hecho grandes planes. Aunque Mario no quería, prácticamente le obligaron a salir, tenían que comentar las novedades de los últimos meses, el nuevo curso, nuevas amistades y ver al resto de la cuadrilla del pueblo.

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