fracaso 2-alfilMarcos regresó del funeral de Mario con los ojos todavía enrojecidos por el llanto. Un final trágico, aunque no demasiado inesperado. La pérdida del amor de su vida, Rosa, había dejado a Mario vacío y sin horizontes. Toda una vida dedicada a ella hacía insoportable la sensación de vacío provocada por el cáncer. Transcurrieron 4 ó 5 días desde la despedida a Rosa y en ese tiempo no consiguió arrancar a Mario más que un simple “estoy bien·” en una de sus muchas llamadas hasta que comenzó a saltar el mensaje de fuera de cobertura.

Se sentó en el salón de su casa y una vez más sintió el peso de la soledad. No era una sensación extraña, incluso había aprendido a degustar estos momentos de hundimiento, cada vez más frecuentes por otro lado. Sara, la chica con la que había compartido unos meses de noviazgo era ya solo un vago recuerdo difuminado en la distancia e incluso en la indiferencia. Un noviazgo de días nublados. Habían pasado más de 4 años después del encuentro casual con Borja, aquel joven homosexual enamorado y despechado, que sin pretenderlo había provocado la ruptura con Sara. No importaba, apenas había pensado en ella después, siempre supo que era irreal.

Marcos miró a la ventana, había comenzado a llover y grandes gotas de agua golpeaban el cristal, con furia, como su quisieran lanzar su propio mensaje. Estaba inmóvil en el sofá, ni siquiera se había cambiado de ropa. En silencio y absorto en la colección de botellas de ginebra de los lugares más insospechados del mundo que adornaban y abarrotaban la estantería. Miró atrás, una vez más, hacia un pasado que le perseguía y le atenazaba en una inconsciente sensación de quietud.

Fracaso 1-hombrePensaba en su trabajo, en la posibilidad perdida de una exitosa carrera profesional. Estudió Derecho y después un Máster en Gestión de Equipos Humanos con resultados más que notables. Coincidiendo con uno de esos períodos de vacas gordas en los que los políticos engordan los proyectos por justificar sus cargos y sus inmerecidos sueldos, se creó una Agencia de Desarrollo en la Comunidad y él con su brillante expediente y la recomendación de un profesor, entró como personal laboral con apenas 22 años y todo un prometedor futuro por delante. Fueron años duros y de mucho trabajo, pero llenos de buenas experiencias y proyectos. Un cambio de gobierno, algunas críticas en la gestión de la Agencia y la obligatoriedad de convertirse en funcionario mediante la oportuna oposición especial. Estudio duro, casi un año, casi sin respirar dedicándole todo el tiempo que le permitía su trabajo, y aprobó. Pero un día todo se fue por la borda. Después de un tiempo de baja laboral y con mucha suerte, y de nuevo la ayuda de aquel profesor, se enganchó a un puesto básico de administrativo en la Consejería de Empleo.

Desde entonces los días, las semanas, los meses y los años se sucedían en una lenta agonía, sin chispa, sin emociones. Con un sueldo que apenas superaba los 1.000 euros mensuales, se esforzaba por mantenerse activo, llenar su tiempo y no perder la conciencia. Las cada vez más espaciadas visitas familiares, el seguir añadiendo ginebras de diferentes países a su colección y su pasión cinéfila. Devoraba películas de todas las fechas, países, géneros. En las salas de cine, alquilando, en la filmoteca o en centros culturales donde periódicamente se proyectaban cortometrajes y películas muchas veces acompañadas de coloquios o tertulias, en internet con descargas legales e ilegales e incluso alguna esporádica incursión en el top manta.

fracaso 3Algunas relaciones amorosas, como Sara con la que consiguió compartir algunos momentos durante unos meses. Pero las más de las veces, el fracaso y las dolorosas derrotas, unidos a una incapacidad cada vez más clara de encontrar ya no solo amor, sino simplemente amistad. También los recuerdos de la infancia, los días más felices de su vida en el pueblo, donde parecía que todo era posible, que los sueños podían convertirse en realidad. Los inolvidables veranos con Miguel y con Mario y también Rosa que apareció en sus vidas removiéndolo todo.

Sabía que tenía que luchar por seguir adelante, quería seguir vivo, aunque en el fondo sabía que algo dentro de él estaba muerto o en estado de letargo esperando una oportunidad.

Sonó el teléfono, descolgó y una débil sonrisa iluminó su rostro.

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