Doña perfectaEl Centro Dramático Nacional con la dirección de Ernesto Caballero representa estos días “Doña Perfecta” de Benito Pérez Galdós. El texto nos muestra el retrato de una sociedad en la segunda mitad del siglo XIX, en una España provinciana que ha perdido la oportunidad de sumarse al desarrollo. Lola Casamayor y Roberto Enríquez en los papeles protagonistas, convierten el teatro en lección de historia. Hasta el 24 de noviembre en el teatro María Guerrero.

A la población de Orbajosa, llega Pepe Rey, un joven ingeniero ilustrado que viene a casarse con su prima Rosario, en un matrimonio previamente acordado entre su padre y su tía, Doña Perfecta. Ésta le recibe con afecto, pero enseguida se producirán los primeros choques entre el sobrino y su tía, entre Pepe Rey y la ciudad de Orbajosa. El representa una mente abierta a los nuevos tiempos y al progreso, ella representa el estaticismo, la moral católica y el conservadurismo. Con estos mimbres se va construyendo la trama de este texto de uno de los más grandes autores de nuestro país como en Benito Pérez Galdós.

La ciudad de Orbajosa no existe como tal, pero podría ser cualquiera de las localidades de provincias de nuestro país en la última parte del siglo XIX. Una ciudad que se va configurando como un lugar oscuro, tosco y aburrido, donde la Iglesia católica tiene una presencia constante y unos personajes representativos de la sociedad del momento. Una época histórica apasionante de la historia de España, para mí el reflejo de una oportunidad perdida.

Escena Doña Perfecta

Roberto Enríquez, Lola Casamayor y Karina Garantivá en una escena de la función. Foto Andrés de Gabriel. Fuente: CDN

El texto se publicó en 1876, justo después de haberse restaurado la Monarquía en la figura de Alfonso XII, para culminar un siglo muy agitado. Arrancamos el siglo XIX con aire de revolución antifrancesa, para pasar después al absolutismo desfasado de un monarca desastroso al que apodamos “el deseado” como Fernando VII; entre aspiraciones liberales y frenos tramontanos, tuvimos las guerras carlistas para decidir el trono para una reina caprichosa y según cuentan algunas crónicas, con un apetito voraz de hombres y dulces que devoraba con pasión, como Isabel II a la que echamos de España; se vivió un sexenio revolucionario con rey importado y experimento republicano; para acabar volviendo a una monarquía descafeinada al estilo de los países más modernos. Con Alfonso XII inauguramos lo que vino a denominarse el “turno pacífico”, que no era más que la consolidación del caciquismo con apariencia democrática, donde los dos principales partidos, el conservador de Cánovas y el liberal de Sagasta, amañaban las elecciones haciendo honor al famoso “pucherazo”, para sucederse en el poder. Así garantizaban el sustento de todos aquellos que se sumaban al carro político de uno u otro partido para llevar un sueldo a casa. Era la época de los “cesantes”, funcionarios que ocupaban los puestos de la administración cuando su partido gobernaba, que cesaban después de las elecciones para dejar el puesto a los contrincantes y retornaban de nuevo en el siguiente turno electoral después de 2 ó 3 años. Un país atrasado, supersticioso y lleno de contradicciones reflejado con la maestría de los grandes escritores en este texto de “Doña Perfecta”

Los personajes están muy definidos y claramente dibujados, aunque no se desmarcan del estereotipo. El cura (una presencia tan constante como innecesaria), el tío Cayetano (presente, pero ausente en su mundo de aparente estudio), Rosario (joven de pueblo absorbida y anulada por una madre, quiere abrir los ojos pero no sabe cómo), Don Jacintito (el joven pusilánime y mediocre dispuesto a sumarse al carro del estaticismo), Cayuco (el bruto de pueblo, estúpido y siempre utilizado por los amos) y Doña Perfecta (la dama que representa a los que siempre mandan y que bajo la apariencia formal de su nombre, esconde un alma manipuladora, cobarde y podrida); y frente a todos ellos, frente a la sociedad provinciana de Orbajosa, Pepe Rey, libre de ataduras morales e intelectuales, un personaje que desde el primer momento se ve que no encaja en este lugar oscuro, en este argumento con final anunciado, pero que queda atrapado por los lazos del amor.

CDNEste clásico de Pérez Galdós, dirigido por Ernesto Caballero con la producción del Centro Dramático Nacional se estrenó la temporada pasada, y ahora ha regresado a los escenarios madrileños con la incorporación al elenco de Roberto Enríquez, en el papel de Pepe Rey (que tanto contrasta con el Muley Hacen que vemos los lunes en Isabel). El resto del elenco está encabezado por Lola Casamayor, que juega en el personaje de Doña Perfecta, ese rol de señora de bien que en la hipocresía encuentra su estado natural y que dibuja un magnífico tránsito de sentimientos en la relación con su sobrino, desde el afecto más o menos fingido al odio más exacerbado. Junto a ellos, José Luis Alcobendas, Alberto Jiménez, Diana Bernedo, Karina Garantivá, Jorge Machín, Toni Márquez, Julio Moyano, Paco Ochoa, Belén Pion ce de León y Vanessa Vega, en uno de esos elencos que hoy, por numeroso, son casi imposibles en una producción teatral actual.

Un clásico de la literatura española para disfrutar de un buen trabajo teatral que invita a una reflexión sobre nuestra historia de oportunidades perdidas, pasadas y quizá también presentes.

Otros enlaces:

Más información en la web del Centro Dramático Nacional 

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