llorandoUna lágrima asomó al tiempo que notamos como se derrumbaba. Era joven, después supimos que tenía 20 años. Borja comenzó a llorar. Hablaba con otro chico mayor que él y con la cabeza rapada. Sara y yo estábamos tomando algo en un bar de amplias cristaleras que nos permitía contemplar la escena en posición privilegiada.

Nos miramos y sin decir nada salimos a la calle, nos acercamos a Borja, sabíamos que lloraba por amor.

   ¿Por qué lloras?

   Porque me han dejado y no puedo aguantarlo

   ¿Alguna razón?

   Porque soy muy celoso y posesivo y él no lo ha aguantado, le gusta tontear y yo no lo soporto

   No te preocupes, que todo pasará y volveréis a estar juntos. Eres muy joven y por eso te afectan más las cosas.

En ese mismo instante me di cuenta que acababa de decir una gilipollez. Como si el llorar por amor fuese solo cosa de la gente joven. ¿Cuántas veces te pueden partir el corazón durante una vida? Incontables, todo depende de lo frágil que seas, de cuánto te expones y del nivel de entrega. Hay veces en que agradecemos un corazón de hielo, no ser capaz de sentir, no ser capaz de enamorarte y así evitar cualquier sufrimiento. Una vida placentera y sin emociones, sin picos ni valles, una línea que nos permite, al menos, sobrevivir. Pero, ¿es posible tener el corazón a prueba de ataques? ¿Se ha inventado el remedio contra el mal de amores?  Aunque no lo queramos reconocer, siempre estamos dispuestos a amar y ser amados, porque amar significa estar vivo.

rupturaHay veces en que llega, sin que sepas cómo ni por qué. Conoces a alguien y ya está, te activas, la sonrisa y la emoción vuelve a tu rostro, poco a poco te incendias por dentro y tu pensamiento da vueltas en el aire, sueñas con momentos felices que están por llegar, imaginas como será y fantaseas con planes de futuro. ¿Es eso estar enamorado? Y después el rechazo y el sabor amargo de una nueva derrota que sumar a la colección de desastres. Un deseo de amar que a veces bulle dentro de ti, que te quema y que no consigues dar salida. Un grito ahogado y silencioso desde lo más profundo de tu interior, tristeza infinita y una mirada perdida llena de desesperación que poco a poco se torna en resignación.

Después de una breve charla con Borja y el amigo que le trataba de consolar, una vez que Borja se explicó y reconoció su exceso de celos, de algún que otro consejito y buenas palabras, la tensión aflojó y apareció una ligera sonrisa en su rostro. ¿Al menos hemos conseguido que dejes de llorar y sonrías? Algo es algo.

Volvimos al bar y le pregunté a Sara por qué habíamos salido, por qué intervenir en la vida de alguien a quien desconocemos y que no ha pedido nuestra ayuda. ¿Por qué nos conmueve tanto el llanto de alguien apenas es un adolescente? Eran muchas preguntas que quedaron sin respuesta, nos concentramos de nuevo en nuestras bebidas y en nuestra perdida conversación. Quizá debíamos buscar la respuesta en nuestra propia relación. Hace tiempo que no sonreímos, que no lloramos, que no amamos. Unos minutos de silencio, nuestras miradas se cruzaron, por fin nuestros ojos despojados de mentiras. Salimos del bar, Borja reía y fumaba mientras nos saludaba con la mano. Nunca volví a ver a Sara.

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