La funcion por hacer- cartelLa Abadía ha recuperado “La función por hacer”, una versión libre de Miguel del Arco y Aitor Tejada de  “Seis personajes en busca de autor” de Pirandello. Se estrenó  en 2009 y ahora vuelven con fuerza después de más de 200 funciones  y una buena cosecha de premios. Teatro imprescindible que reflexiona sobre su propia esencia: autores, personajes y actores, sin olvidar el imprescindible público. Una mezcla de excelente dirección e interpretaciones que resulta emotiva y muy inteligente. 

Dos actores están representando una función de teatro cuando son interrumpidos por 4 personajes abandonados por el autor. Estos personajes traen su historia y para vivirla necesitan a los actores y al público. Es la escusa perfecta para hablar del acto teatral (según la original convicción de Pirandello), de esos personajes que trascienden al autor, cobran vida de manera infinita siempre que son llevados a escena. Unos personajes que llegan con sus traumas, con sus emociones, con sus vivencias y lo que reclaman es ser escuchados. Una reflexión sobre la incomunicación que nos acompaña casi a diario.

miguel del arco

Miguel del Arco

Esta versión dirigida por Miguel del Arco, nacida en el verano de 2009, fue la triunfadora en los premios MAX 2011 con 7 galardones; entre ellos  mejor espectáculo, dirección, adaptación, actores, iluminación y producción para Kamikaze, el proyecto del propio Miguel del Arco. Una propuesta valiente y arriesgada en su momento. Hoy, una apuesta casi segura de éxito. Siempre es interesante recuperar montajes que hayan triunfado en los últimos meses o años, como es este caso, aunque queda la duda de si se hace por la ausencia de nuevos proyectos ante la casi imposibilidad de rentabilizarlos. Es inevitable pensar en la situación actual de la producción escénica en nuestro país, herida de muerte por la puñalada del IVA y otros recortes que afectan a la cultura en general. Habrá que pensar o conformarse con lo que quizá es una de las pocas ventajas de esta crisis: la posibilidad de recuperar algunas de los últimos éxitos de la cartelera.

Volviendo al montaje, hay varios elementos que destacan especialmente. Por un lado, los continuos cambios de ritmo como si de la interpretación de una partida musical se tratase. Cambios,  a veces bruscos, que nos trasladan desde los momentos más cómicos, a los más dramáticos e íntimos, pasando por los de confusión general con desplazamientos entre los espectadores. Otro elemento que me llamó la atención es el coqueteo con la “cuarta pared” Con el escenario convertido en un cuadrilátero y el público en los cuatro costados existe una interacción con el público, que normalmente es unidireccional aunque abre la posibilidad de la improvisación ante una respuesta activa del público. Sin embargo, en mi opinión no se llega a romper, se trata de un juego con el público como recurso escénico y al servicio de un texto al que se ciñen los actores. Que cada función es diferente es una de las máximas que se repite en el mundo de las artes escénicas, y aquí se cumple cuando además hablamos de una función por hacer.

Una escena con Miriam Montilla y Manuela Paso. Fuente: teatroabadia.com

Una escena con Miriam Montilla y Manuela Paso. Fuente: teatroabadia.com

Los actores son Cristóbal Suárez, Miriam Montilla, Israel Elejalde, Manuela Paso, Raúl Prieto, Bárbara Lenni y Teresa Hurtado de Ory, estás dos últimas comparten el mismo papel en diferentes fechas. Un equipo de actores que forman parte de esa “clase media actoral” ya que no son estrellas muy conocidas para el gran público, fundamentalmente porque su hábitat natural han sido las tablas, pero que desbordan oficio y saber estar en escena. Un grupo bastante estable y de un altísimo nivel, que han compartido ya otros trabajos como “Veraneantes” y que para el otoño está preparando una versión del  “Misántropo”  de Moliere. Para confirmar esta opinión han recibido varios premios: Manuela Paso y Raúl Prieto fueron galardonados en los Max y por la Unión de Actores, que también premió a Bárbara Lennie. Actores capaces de pasar del llanto a la sonrisa en un segundo, que saben vivir el teatro y viven sus experiencias en comunión con esta inteligente puesta en escena donde el único elemento escénico es un cuadro y un simple banco.

Nada más que teatro, imprescindible y necesario, de esas obras que como si de un libro o un disco se tratasen deberían estar formando parte de cualquier biblioteca o fonoteca que se precie. Hasta el 16 de junio (con posibilidades de prórroga) en el Teatro La Abadía (Madrid).

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