poder absoluto cartelDos hombres en el escenario, una única escena en el salón de una casa, casi 1 hora y 30 minutos sin perder un instante de atención, un texto magnífico sobre la política servida como carne cruda y en una operación sin anestesia. Esto es “Poder Absoluto”, un montaje de Roger Peña Carulla que además cuenta con dos soberbios actores como Emilio Gutiérrez Caba y Eduard Farelo. En el teatro Bellas Artes (Madrid).

A finales del siglo pasado en Viena, un hombre está a punto de ser elegido como candidato del partido conservador en las siguientes elecciones y casi seguro presidente del país. Desde la cima del poder sabe que tiene que ocultar un pasado nazi en la 2ª Guerra Mundial. Para ello se reúne con un joven y entusiasta miembro del partido al que pide ayuda para que ese peligroso pasado no entorpezca su camino. En esa conversación, las palabras fluyen como el agua cayendo en cascada y se mueven las piezas como un juego de ajedrez, al tiempo que nos desvelan la cara más repugnante de la política. Corrupción y falta de valores. También recuerdos y trazos de una historia reciente, del nazismo y de la necesidad de sobrevivir en los momentos más duros. Un juego, el de la política, que pisotea cualquier ideología y en el que al final también te puedes quemar.

Escuchamos en la voz de ambos protagonistas, ideas y reflexiones que pensamos o al menos intuimos sobre las intenciones y el motor que guía a muchos de nuestros políticos, pero que sobre las tablas de un escenario suenan con una fuerza y una rotundidad que estremecen. La política como un manejo de intereses de los que están detrás y manejan los hilos del poder real. Un lugar donde no hay sitio para la ética, donde nos recuerdan que “Maquiavelo está más vivo que nunca” por aquello de que el fin justifica los medios. Donde escuchamos frases del tipo “todos tenemos un muerto en el armario”, “el pueblo es cobarde y mezquino y siempre acaba obedeciendo al poder” o la idea sobre la separación de poderes que anida en muchas mentes: “el poder ejecutivo a dirigir el país, el legislativo a perder el tiempo y el judicial a dedicarse a lo que quiera, menos a fiscalizar al gobierno”. Reflexiones sobre la política que golpean con fuerza en nuestro sistema sin ningún tipo de anestesia.

Una escena de la obra. Fuente. kedin.es

Una escena de la obra. Fuente: teatrobellasartes.es

También en la obra, tenemos lecciones y recuerdos de historia, de un pasado relativamente reciente de fascismos y totalitarismos racistas y asesinos que gobernaron en Europa durante una buena parte del siglo XX. Hitler extendió su ideología en los años 30, en una Alemania golpeada por la crisis económica y humillada hasta lo más profundo en el Tratado de Versalles con el que se cerró en falso la 1ª Guerra Mundial. El nazismo creció en Alemania, con la presión y el miedo sembrado en las calles por las S.A. y por la adulteración de los resultados electorales, pero sin olvidar que las urnas y el apoyo masivo de la gente auparon a Hitler al poder. Muchos fueron los que se unieron al carro del colaboracionismo antes y durante la Segunda Guerra Mundial en varios países europeos por donde se fue extendiendo el III Reich. En la obra se menciona como en la primavera de 1938 se proclamaba el “Anschluss”, la unión de Alemania y Austria, después de un plebiscito que arrojó el 97% de votos favorables. Una unión que había sido perseguida por Hitler desde su llegada al poder. Lo intentó en 1934 apoyando un golpe de estado del partido nazi austríaco en un ambiente de revueltas que acabó con la vida del canciller Dollfuss y lo consiguió en 1938, después de imponer la entrada en el gobierno austríaco del líder nazi Seys-Inquart y forzar la salida de Schschnigg, el que era el canciller en ese momento, permitiendo la entrada de los alemanes en Viena

Emilio Gutiérrez Caba

Emilio Gutiérrez Caba

Mención aparte merece el soberbio trabajo actoral de Emilio Gutiérrez Caba en su personajes del político veterano en la parte final de su carrera. Un actor sólido que reparte día a día clases magistrales de interpretación sobre un escenario. Temple, sencillez y naturalidad para descubrir los ricos matices de un personaje muy bien dibujado por el autor y director de la obra, Roger Peña Carulla. Y también Eduard Farelo, el contrapunto de político joven en plena carrera que colabora en este juego teatral a un gran nivel, en un personaje camaleónico que se disfraza mientras hace un intenso viaje de emociones. Miserias humanas al descubierto, almas podridas que cargan con sus cruces de victorias y derrotas. Unas vidas hipotecadas por secretos y ambiciones desmedidas, que bajo una apariencia formal de éxito, solo ocultan la falta de libertad.

Teatro de verdad, un texto magnífico y dos grandes actores en escena. A veces no hace falta nada más.

Otros enlaces:

Entrevista con Emilio Gutiérrez Caba en Gente con Duende (15’58”)

Más detalles sobre la función

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