Encontré el libro en una estantería de un centro comercial a un precio ganga, de esos que son irresistibles. Y recordé al autor, a quien había conocido hace unos meses como dramaturgo y director del montaje teatral  “Cuando fuimos dos”. Me refiero a Fernando J. López y la novela “La edad de la ira”. No fue, por tanto, una elección al azar, sino curiosidad por el autor. Me ha gustado, lo recomiendo y además me ha impulsado a escribir en este blog por primera vez  sobre un libro.

316 páginas, algo más de 5 horas de lectura concentrada en unos pocos días. El libro te engancha, enseguida te conviertes en Santi, el periodista que intenta descubrir el por qué de un terrible suceso. Marcos, un joven adolescente de 16 años, es acusado de asesinar brutalmente a su padre con una máquina de escribir y herir a uno de sus hermanos con unas tijeras.  Una tarde de domingo de un mes de septiembre. Una noticia en el periódico. Escándalo y consternación. El joven es alumno del IES Rubén Darío. Nuestro periodista, un treintañero antiguo alumno del mismo instituto, se siente impulsado a averiguar la verdad.

Es ficción, como el mismo autor nos recuerda al final del libro, sin embargo mientras lees el texto no puedes evitar pensar que sucedió de verdad e intentas recordar alguna noticia en prensa sobre un suceso similar hace unos años y que tú, como lector, deberías recordar. Entiendo que esto es uno de los éxitos del autor, llevarte por el camino de una supuesta realidad, aunque sea inventada. Se pueden decir mucha cosas,  funciona como thriller reporterístico, funciona como análisis  probablemente bastante acertado de nuestro sistema de educación secundaria, y quizá también como descripción a base de pinceladas de unos adolescentes desorientados en un siglo XXI marcado por la tecnología.

Marcos, es un líder nato en el instituto, el “tuto” como lo identifican coloquialmente. Ha perdido recientemente a su madre en un accidente de tráfico y vive con su padre y sus tres hermanos. El padre, Roberto, es dibujado como un hombre excesivamente estricto y  preocupado porque sus hijos sigan lo que él considera “el camino correcto”. Ignacio, el hermano mayor, está en la Universidad y ha marcado un difícil camino de resultados brillantes en el mismo instituto. Sergio y Adolfo, son más pequeños, 14 y 12 años respectivamente, asisten al mismo instituto y sienten devoción por su hermano Marcos. Un domingo de septiembre, a poco de comenzar el curso, todo estalla.

Fernando J. López, el autor

Santiago, quiere escribir sobre el suceso, quiere saber por qué se puede producir un hecho de estas características. ¿Cómo es posible que un hijo manifieste tal violencia contra su padre y uno de sus hermanos? La investigación policial es bastante clara, todos los indicios nos llevan hasta la culpabilidad de Marcos, pero Santiago inicia su investigación particular. Consigue un plazo de 2 meses de su editora y ante la imposibilidad procesal de acercarse a los hermanos, busca ayuda en el centro escolar donde consigue la alianza y colaboración de Sonia, la jefa de estudios del centro, ya que con Gerardo, el director, es imposible. También se implican otros profesores como Álvaro, profesor de lengua y tutor de Marcos recién aterrizado en el instituto; Gema, profesora de informática y tutora del curso pasado; Mayte, la orientadora superada por el exceso de trabajo y Alex, profesor de inglés. Además algunos alumnos, los más cercanos a Marcos, como Raúl y Sandra y los padres de estos.

De la mano este reportero, un torpe aspirante a investigador, vamos conociendo detalles de la vida y personalidad de Marcos, de los hechos que sucedieron los días y semanas previas a la macabra escena. Un joven que está empezando a descubrir el mundo, a experimentar y encontrar su propia  identidad.  También es un relato de la complejidad adolescente, de esa edad difícil cuando empezamos a vivir por nosotros mismos y el apoyo de padres, amigos y profesores es fundamental. Un camino con curvas por donde su padre no quiere que transite y que le llevan al castigo de vivir prácticamente encarcelado en su casa, sin teléfono, internet, ni siquiera ver a sus amigos.  Vagamos alrededor de la mente y la personalidad de este joven, pero sigue siendo un misterio. Como lectores compartimos las dudas, los intentos y las frustraciones del periodista y sus ganas de saber,  aunque las respuestas huyen escurridizas entre los dedos

Santiago se reúne con los profesores implicados y a través de charlas y textos que éstos escriben, conocemos algunos trazos de sus historias personales al tiempo que descubrimos la cara oculta del sistema educativo español en secundaria. La escasez de medios, la saturación de alumnos y eso que el libro se escribió antes de la sangría de recortes protagonizados por el actual gobierno. No quiero ni pensar cómo serán ahora las cosas. También nos muestra la insolencia y falta de objetivos de algunos alumnos, las presiones de padres que exigen a los profesores aquello que son incapaces de hacer en su hogar.  El profesor nuevo que se enfrenta a una tarea que cree le viene grande, el enrollado que se gana la confianza de sus alumnos, aquel que mantiene las distancias, el que se toma en serio sus responsabilidades y soporta presiones de todos lados. Y también el retrato de esos profesores anquilosados cuyo único objetivo es pasar las jornadas y evitar conflictos,  esforzarse al mínimo, cobrar un sueldo que siempre consideran insuficiente paras sus muchos méritos y criticar, criticar el sistema, criticar a los alumnos, criticar a los compañeros, criticarlo todo y a todos para tratar de ocultar lo que en muchos casos es la frustración de la mediocridad y la incompetencia. Son mensajes que calan enseguida en los lectores porque, más o menos, sabemos cómo funcionan las cosas en muchos (no todos) los centros escolares por experiencias propias o cercanas. Sin embargo sorprende la dureza con la que se recortan muchos de los personajes del proceso educativo que machaca y anula a los alumnos para evitar cualquier tipo de conflicto. Aunque no sería justo olvidar que en el relato también aparecen profesores vocacionales que dedican todo el esfuerzo para educar y enseñar, aunque tengan que enfrentarse a un sistema cobarde y vil.

Cartel de “Cuando fuimos dos”, un texto de Fernando J. López llevado a escena

Tres realidades contrapuestas. El joven aparentemente socializado e integrado, que no encaja en el mundo que va descubriendo al que se enfrenta con pocas probabilidades de éxito. Un fracasado sistema educativo descrito sin piedad por el autor. Un periodista que se siente impelido a descubrir una verdad que le lleva a viajar a su propia adolescencia, de igual manera que el lector no puede evitar acompañarle en ese viaje. Recordar nuestra experiencias más o menos positivas, incluso pensar como pueden haber influido nuestras vivencias en el instituto en lo que hoy en día somos cada uno de nosotros.  Tres realidades que se conjugan con buen criterio en un ejercicio descriptivo que te atrapa por momentos con un lenguaje sencillo.

En el apartado negativo, quizá el excesivo regodeo en las maldades del sistema educativo, creo que pronto tenemos la imagen sin necesidad de repetir los  argumentos. También en ciertos pasajes, al mezclar el  relato del contador de la historia, con los textos escritos por los diferentes profesores o alumnos, se produce una cierta confusión. Una transición difusa que genera ciertas dudas en algunos arranques al no saber quién es el narrador del momento.

Fernando J López, el autor, es licenciado en Filología Hispánica y compagina su trabajo editorial con la enseñanza de Lengua y Literatura en un instituto madrileño. “La edad de la ira” publicada en 2011, fue su tercera novela, tras “In(h)armónicos” y “La inmortalidad del cangrejo”. También es autor de varias obras dramáticas como “El año que cumplí treinta y algo”, “El sexo que sucede”, “Tour de forcé”, etc. que han sido también llevadas a las tablas. La más reciente es “Cuando fuimos dos”, un texto que además ha dirigido él mismo, con dos grandes actores como Felipe Andrés y Doriam Sojo con la que han conseguido un notable éxito. ¿Cómo será Fernando es su faceta como profesor de un instituto de secundaria en Madrid?

 Más información sobre Fernando J. López, el autor 

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