Qué fácil parece el teatro con un buen texto y buenos actores. Y no es por quitarle mérito al director, Eduardo Vasco, que también aporta lo suyo. “Noche de Reyes” de William Shakespeare, puesto en escena por la compañía Noviembre,  es un magnífico espectáculo de teatro  que se puede disfrutar estos días en Madrid en La Abadía (Sala San Juan de la Cruz).

Una comedia romántica con enredos, malentendidos y disfraces al estilo y gusto de nuestros clásicos del siglo de oro español, aunque se ha ambientado en los años 20 del siglo pasado. Dos hermanos gemelos, Viola y Sebastián, naufragan y recalan por separado en un país imaginario sin conocer la suerte del otro. A partir de ahí conocemos a los variopintos personajes de la trama: El enamorado duque de Orsino,  la condesa Olivia rodeada de pretendientes, Don Tobías, un vividor y además tío de la condesa, y su amigo Don Andrés Carapálida. También tenemos al servicio de la condesa, el mayordomo Malvolio y la doncella María y al bufón que vende sus canciones con socarrona mala uva.

El texto es magnífico, propio de la pluma de uno de los más grandes autores de todos los tiempos, William Shakespeare. En esta ocasión huye de dramas y tragedias para contarnos un hermoso cuento lleno de romanticismo y frases memorables. “Mis palabras viven en mi corazón como la luz del sol en el día, … que el cielo derrame aromas sobre vos, … el reloj me regaña por perder el tiempo” son algunos ejemplos de un texto que te enamora. La versión es de  Yolanda Pallín y la producción es de Noviembre Compañía Teatro y el Teatro Calderón de Valladolid. La escenografía prácticamente inexistente. Una tela jugada con elegancia para elegir diferentes espacios y un piano, cuyas notas por momentos llenan la escena dando aires de musical.

Eduardo Vasco

El director es Eduardo Vasco, que retoma la actividad privada, después de un período de 7 años al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. En el elenco se ha rodeado de algunos de los actores con los que trabajó en la compañía nacional como Arturo Querejeta,  Daniel Albaladejo o algunos de los jóvenes como Francesco Carril  o Maya Reyes, por citar alguno. Los 11 actores rayan a un altísimo nivel. La forma de acariciar las palabras y el sonido a verso y melodía denotan la formación en el teatro clásico. Me gustaría destacar a dos de los actores, a  José Ramón Iglesias que nos dibuja un Andrés Carapálida genial y divertido y Héctor Carballo, que se mete en la piel del mayordomo Malvolio bordando en clave de farsa el pasaporte a la locura del enamorado engañado.

También merece comentario el espacio escénico, la sala San Juan de la Cruz del teatro de La Abadía en Madrid. Una iglesia desacralizada en forma de A, con un aforo central que se prolonga en dos patas separadas y un escenario  redondo y en cúpula, donde se ubicaba el altar original. Un conjunto que le otorga un aire místico y taumatúrgico muy apropiado para disfrutar del teatro. Un ejemplo de lo que digo es el día que fui a ver la función coincidí con un grupo de adolescentes de instituto y se portaron fenomenal.

 Un texto maravilloso, unos actores en estado de gracia y un director que ha sabido conjugar con acierto los elementos de los que disponía. El único pero, en mi opinión, es la escena de los borrachos donde el movimiento del cuerpo en estado etílico no encaja con el tono y registro de voz. Se notaban dos borrachos precavidos, con una borrachera limitada y mucho cuidado para que el texto se entendiera perfectamente. A pesar de lo dicho, es un montaje absolutamente recomendable y muy divertido. Hasta el 4 de noviembre de miércoles a domingo en La Abadía.

Otros enlaces:

Web del Teatro de La Abadía

Entrevista Eduardo Vasco en Radio Enlace (programa Gente con Duende 7’40”) 

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