Imagino que si te apasiona el teatro, si acabas de participar en tu primera experiencia profesional como actor y además  te gusta escribir y tienes un blog dedicado a las artes escénicas, lo lógico es reflejar lo que has sentido. Así que me pongo a la faena. Lo primero es hablar de alegría porque se puede considerar que “El camino rojo a Sabaiba” ha sido todo un éxito, por lo menos para mí. 

Muy buenas críticas hacia un texto lleno de realismo mágico de Oscar Liera, al director Lidio Sánchez, a la escenografía y a los actores, que más se puede pedir. Bueno sí, se puede pedir más. Porque nos ha sabido a poco, porque 12 funciones son casi empezar a coger el ritmo del escenario y empezar a saborear la obra, los personajes y las sensaciones. Porque después de las horas de ensayos y los esfuerzos que hay detrás de una producción como ésta, sin apenas medios económicos, con 10 actores en escena para interpretar más de 20 personajes, queremos más. Una locura por pasión al teatro, porque de rentabilidad comercial no hablaremos, a pesar de que han sido más de 400 personas las que han venido a vernos al teatro Lagrada, y algunas más de una vez. El teatro, hoy y siempre,  se viste con esfuerzo individual y colectivo de amantes de una profesión tan apasionante como precaria en la mayor parte de los casos.

Ha ce algo más de 3 meses, Lidio Sánchez me llamó para decirme que contaba conmigo. Un papel pequeño de borrachín, que yo acepté sin dudar. Después llegó el apoderado lleno de soberbia y  algunas frases más,  y también el apoyo en la dirección. Cuanta experiencia nueva para alguien como yo que siempre había vivido el teatro desde el amateurismo de una compañía de amigos como es La Skené y desde el papel de un preguntador un tanto curioso que conduce un programa de radio dedicado a las artes escénicas. Fueron jornadas largas y esfuerzos por poner en marcha un proyecto que desde el principio sabíamos que tenía muy buena pinta. Unos compañeros de reparto muy profesionales, todos ellos grandes actores y actrices, como Doriam Sojo, Alvaro Navarro, Ximena Palacios, Daniela Saludes, David Pinilla, Marta Malone, Alba Ferrara, Fernando Escudero y Alex Tormo. Embarcados con todas las consecuencias en seguir este camino rojo a Sabaiba o hasta donde fuera necesario.

Una escena de la función “El camino rojo a Sabaiba”. Foto: Julio Castro. Fte:Larepublicacultural.es

En medio de este proceso, visité la EMAD, la Escuela Municipal de Arte Dramático de Madrid para escribir un reportaje sobre la profesión del actor y charlar con algunos de los alumnos de último curso a punto de enfrentarse a la vida profesional. Ellos, con 21 ó 22 años, me comentaban lo oscuro de una profesión sin futuro,  el cómo pensaban en un plan B para salir adelante, en lo difícil que es abrirse un hueco en un país paralizado por la crisis y ahora también rescatado por Europa. Sin embargo, también  había ilusión y pasión por una manera de hacer las cosas, por una manera de vivir contando historias sobre un escenario, sobre las sensaciones antes, después y durante de una función. Algo que es muy difícil describir con palabras, que se entiende cuando lo vives y lo respiras. Ahora me siento un poco más cerca de todos aquellos, benditos locos, que deciden zambullirse en esta profesión.

Después de estas primeras representaciones de “El camino rojo a Sabaiba” en el  teatro Lagrada de Madrid, todos esperamos que haya nuevas  funciones. Nuevas oportunidades de seguir construyendo  la atmosfera mágica que envuelve esta función  en la que el espectador también participaba. Historias de amor, poder, superstición, pasiones y venganza vividas al máximo por unos personajes llenos de matices y de complicidad.  En mi corazón de aprendiz de actor, llevaré siempre un trozo de este camino, de estos primeros pasos junto a un grupo de gente grande, muy grande. Gracias también a mis amigos de toda la vida y a mi familia, que no han querido perderse la oportunidad de acompañarme en esta experiencia, viniendo a  la sala, aplaudiendo a rabiar y hasta pidiéndome autógrafos para aturdir las sensaciones de actor primerizo que recibe enhorabuenas y parabienes y no sabe cómo reaccionar.

Una gran experiencia, la oportunidad de conocer un poquito más del apasionante mundo del teatro desde dentro. Y de aprender una frase, la que nos gritaba Alex Tormo junto a su abrazo antes de cada función: fuerza, honor, ritmo y dicción.

Entrevista El camino rojo a Sabaiba en Gente con Duende (30’54”)

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