Cartel. Fuente: smedia

Pocas veces se consigue plasmar en una obra de teatro el odio y la amargura con tanta claridad como lo consigue “La reina de belleza de Leenane” de Martin Mc Donagh. Una historia gris en el norte de Irlanda entre una madre y una hija que reciben las vista de dos hermanos. Dos actrices y dos actores sobre el escenario que nos muestran una cara oscura y otra brillante de una misma triste realidad. Las mujeres el odio y la derrota, los hombres la esperanza. La versión es de Vicky Peña y la dirección de Álvaro Lavín. Se representa en la sala II del Nuevo Teatro Alcalá y es teatro del de verdad, del que se saborea y disfruta, aunque como el buen café deje un cierto poso amargo.

Hablar de la obra es hablar de sus actores y de sus personajes. Los cuatro actores mantienen un altísimo nivel interpretativo y los cuatro personajes nos fascinan con sus diferentes matices. Maite Brik es “Mag”, la madre anciana, una mujer podrida en su interior. Es odio y rencor en estado puro, pero un odio egoísta y malsano que manipula la relación y los sentimientos con su hija y con cualquiera, únicamente en su propio interés. Gloria López, es “Maureen”, la hija abnegada que odia a la madre y a la vida. Representa un odio amargo de quien quiso ser y no fue, de quien quiso tener y no tuvo, de quien quiso vivir y no vivió. Un odio consciente en las brumas de una pasada locura quizá todavía no olvidada. Orencio Ortega es “Pato”, un buen hombre que busca amar y una vida mejor. Pablo Gómez-Pando es “Ray”, el hermano pequeño, es joven, a veces holgazán y con un horizonte muy limitado envuelto en la misma bruma gris que rodea a los personajes y la historia. Sin embargo, cuando irrumpe en escena cambia la energía, llena de luz la habitación e imprime un giro de esperanza y mirada renovada. En esta doble mirada de amargura y esperanza también destaca el lenguaje, sencillo, directo pero cargado de violencia en muchas ocasiones.

Una escena del montaje teatral con los actores Maite Brik y Pablo Gómez-Pando. Fuente: smedia.com

Una obra galardonada con el Premio de la Crítica en Nueva York a la mejor obra del año en 1998 y que fue la ópera prima de Mc Donagh, cuando sólo tenía 23 años. En España fue estrenada hace más de 10 por Vicky Peña, autora de la traducción y versión, que interpretó la obra con su madre Montserrat Carulla. Esta misma versión es la que defiende hora la compañía de Gloria López, en un montaje que ha recorrido varias ciudades españolas y algunos países sudamericanos durante más de 2 años, antes de aterrizar en Madrid.

Teatro con mayúsculas, que te hace compartir sensaciones con los actores. Gritos de resignación, de amargura, de ganas de vivir y mucho miedo a la soledad, después de renunciar a la felicidad. Una de las mejores obras que he visto en el arranque de la temporada teatral madrileña, absolutamente recomendable. Hasta el 23 de octubre en el Nuevo teatro Alcalá de Madrid, aunque seguro que continuará recorriendo los escenarios de nuestro país.

Más información en la web de Smedia

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