Las bodas de plata del cine español resultaron aburridas, igual que un matrimonio que después de muchos años de vida marital en común ya no tiene cosas que decirse. Pocas sorpresas, excesivo rendimiento para una cinta como “Pan negro”, que si bien era la mejor de las 4 candidatas, ha obtenido una cosecha de premios en algunos casos inmerecidos. Sólo se salvaron algunos momentos de la presentación con Andreu Buenafuente y ni siquiera el enrabietado y contenido discurso del presidente Alex de la Iglesia, logró captar el interés.

La gala arrancó con fuerza, con una presentación ingeniosa de Andreu Buenafuente que sin duda fue el mejor momento de la gala. Un curioso y sorprendente número musical a cargo de Luis Tosar, Paco León, Asier Eteandía y compañía, con suerte desigual y más voluntad que acierto, pero con un resultado conmovedor que apuntaba buenas expectativas. Pero ahí, a los 20 minutos, se acabó el interés. Después la larga lista de premios, importantes para los receptores, pero con poco interés para el espectáculo. Los interminables discursos de algunos de los galardonados más propios de las funciones escolares infantiles, el estúpido de turno que se cuela en la gala no sabemos con la ayuda de quién, y un guión del presentador incomprensible por momentos. Ni siquiera la presencia de algunos presentadores con magia, que desaparecían con gran rapidez, logró levantar el ritmo de la gala.

Pan Negro era sin duda la mejor de las nominadas. Una película menor, estrenada sin presupuesto comercial, rodada en catalán y que se reestrenó con motivo de la nominación, puesto que a los dos semanas del estreno ya se había caído del cartel. Se han escuchar críticas sobre este triunfo, como que había ganado una película que habían visto apenas unos miles de espectadores, que el gusto de los académicos no coincidía con el del público en general, que era un castigo al presidente y vicepresidenta de la Academia y otras tantas tonterías más. Yo aposté en mi quiniela de los Goya por esta película como ganadora simplemente porque era la mejor de las 4 nominadas. Había una indudable calidad en las otras tres cintas, eso no puede dudarse. Sin embargo, “Buried” no pasa de ser un experimento curioso e innovador, “Balada triste de trompeta” una película gris y de personajes desahuciados que resulta desagradable en muchos momentos y “También la lluvia” se pierde en la historia y en sus personajes.

Nora navas con su goya

Acerté en los premios al mejor actor y actriz protagonista. Javier Bardem y Nora Navas, sin duda dos premios absolutamente merecidos por sendas interpretaciones de Goya. También acerté con el director, Agustín Villaronga, aunque normalmente van en pack con la mejor película y con Karra Elejalde como mejor actor de reparto en un papel que marcará un posible resurgir de su carrera, como él mismo anunció al recoger el premio. Hasta ahí mis aciertos. En el caso de las actrices de reparto, tanto Laia Marull, Terele Pávez, Ana Wagener como Pilar López de Ayala, eran merecedoras del premio. Sin embargo, en el caso del actor y actriz revelación creo que los académicos han sucumbido una vez más a la fascinación de las interpretaciones de los niños y a la inercia de la película triunfadora. Tanto Marina Comas como Francesc Colomer hicieron trabajos muy buenos, pero sin duda muy lejos de Carolina Bang y de Manuel Camacho, para mí los injustos perdedores de la gala.

Agustín Villaronga, director de Pan Negro con su goya al mejor director

Quizá también se puede sacar otro mensaje de esta gala para los productores, directores y exhibidores del cine español. Si quieres optar a los Goya, hay que estrenar al final del año, como es el caso de las 4 películas nominadas y otras como “Biutiful”. Parece que los académicos están muy ocupados, tienen mala memoria y no se acuerdan de los estrenos de los primeros meses del ejercicio.

Larga vida al cine español porque queremos y amamos el cine. Sin embargo, creo que Alex de la Iglesia tiene mucha razón en algunas de las cosas de su discurso. Internet no es el futuro, es el presente y no sólo del cine, sino de muchos aspectos de nuestra sociedad. Aunque nos gusta el cine de toda la vida, en pantalla grande (aunque sin comer palomitas, que horror) hay que reconocer que han cambiado los hábitos de consumo, que cada vez se acude menos a las salas, y muchas van cerrando cada día. El cine debe buscar nuevas formas de compatibilizar su exhibición con su supervivencia y ahí quizá también entra en juego la defensa de los derechos de autor y la lucha contra las descargas ilegales. Al final lo que no tiene precio, pierde valor y lo que no valoramos se olvida y acaba desapareciendo. Siempre habrá nostálgicos, como los que en su día guardaron los vinilos para la música, pero todo cambia a una velocidad imparable. Eso sí, ha cambiado el hábito de consumo, pero no el cine en sí mismo. El cine es grande porque nos divierte, nos acompaña, nos hace reir y llorar, es muy grande porque nos hace sentir. Más cine, por favor y galas más divertidas que garanticen el espectáculo.

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