Lo primero que habría que decir es que, a nivel cinematográfico, seguramente estamos ante una de las mejores películas del cine español de los últimos años. Dirigida por Icíar Bollaín, cuenta con un potente guión apoyado por dos grandes interpretaciones, de Laia Marull y Luis Tosar,  que superan a los propios diálogos. Y además el contenido, la reflexión, una voz crítica sobre la situación de maltrato que viven muchas mujeres y que es necesario denunciar las veces que sea necesario.

Los actores hacen tan suyos los personajes que no sabes dónde acaban unos y empiezan los otros, especialmente los protagonistas. Pilar (Laia Marull), esa mujer completamente anulada que se debate entre sus recuerdos de tiempos mejores, la responsabilidad de su hijo, un marido maltratador del que continúa enamorada y  un despertar hacia una nueva ilusión como es la pintura. Antonio (Luis Tosar), ese hombre apocado con una vida vacía que sólo es capaz de llenar con la familia. Que tiene esos frecuentes accesos de ira incontrolable y la incapacidad más absoluta tanto de controlarse como de saber valorar a su mujer.

Una escena de la película. Fte:pizcagutierrez.es

Aparecen otros personajes importantes, la madre y la hermana de Pilar, el hijo de la pareja que no entiende lo que pasa, pero que necesita a ambos progenitores o el psicólogo que trata de ayudar a Antonio con la terapia para solucionar el problema. También hay otros dos personajes importantes en la película, como Toledo y la pintura muy bien retratados por Icíar Bollaín. Uno como ciudad de provincias, que curiosamente visité este pasado sábado, que no conoce lo que pasa. Unas murallas en las que la protagonista se ve encerrada. Y la pintura es la vía de escape a esa situación insostenible.

En cuanto al rodaje se utilizan frecuentemente los primeros planos, propios de directoras a quienes les gesta el trabajo de los actores por encima de todo. Se muestran los rostros y éstos nos muestran una sucesión de sentimientos sólo como pocos actores y actrices saben hacerlo. Hace años ya que se rodó la película, entonces Luis Tosar aún no era muy famoso. Hoy sabemos el reconocimiento con el que cuenta en la profesión en general y entre sus compañeros actores en particular. No hay que olvidar que en el pasado mes de febrero recibió su tercer Goya, en este caso como mejor actor protagonista en Celda 211 y el 29 de marzo en la Gala de la Unión de Actores también recibió el galardón por el mismo trabajo.

Laia Marull y Luis Tosar. Fuente: fraser.typepad.com

Como indicaba al principio su calidad cinematográfica es incuestionable, pero también su papel de denuncia de una situación que lamentablemente se vive en demasiadas ocasiones es muy destacable. No es una película moralizante, sino una muestra de una realidad social muy actual. Película inteligente, comprometida, auténtica, emotiva y necesaria para despertar una conciencia. Muestra el camino tortuoso por el que en estas situaciones suelen transitar tanto las mujeres maltratadas como los hombres maltratadores, aunque es evidente que no son situaciones comparables, la diferencia es tal como que hablamos de víctimas y asesinos. La mujer va pasando por diversas fases, en un primer momento manifiesta un sentimiento de autoprotección que se puede enunciar con la frase “es muy celoso y se enfada conmigo porque me quiere mucho”. Cuando los maltratos aumentan, comienzan a entrar las dudas y un cierto sentimiento de culpa “algo estará haciendo mal cuando me pega”. Después llega la vergüenza “que no se entere nadie” y lamentablemente en muchos casos luego llega la muerte sin que se haya llegado a poner ninguna denuncia. En el caso del maltratador se mezcla el arrepentimiento por algo que sabe que hace mal con una fuerza enfermiza que les nubla en conocimiento y les impulsa a actuar así. Aparecen las terapias, a las que a veces acuden buscando el bálsamo que todo lo cura, pero sin convicción porque ni siquiera ellos mismos se lo creen.

Hay que romper con esa lacra social imbuida en lo más profundo de algunas conciencias machistas que consideran a la mujer como una propiedad particular y que en realidad no es más que el fruto de la ignorancia, la debilidad y sobre todo de la enfermedad. Es importante para que valoremos TODOS el papel de las mujeres en nuestra sociedad, y cómo hay muchas, demasiadas, que siguen “sin verse”, sin saber “quiénes son”. Ya no te doy mis ojos nunca más porque quiero verme, quiero ser yo.

Ficha técnica de la película en la butaca.net

Nota: En este post también ha participado Roberto Martínez

Anuncios