La radio es una pasión que te atrapa y que te enamora. Es lo que sentimos muchos de los que tenemos el privilegio de ponernos delante de un micrófono para contar historias y para conversar con la gente. Es un sentimiento personal, pero también es algo que he podido comprobar en conversaciones y entrevistas con muchos de los profesionales del medio.

Hace unos días tuve la oportunidad de charlar con Alberto Granados, periodista de la cadena Ser, sobre algunos de los libros que ha publicado. La conversación, sin embargo, enseguida se extendió por el mundo de la radio. Él me contaba que era una suerte poder dedicarse a este medio, no lo consideraba un trabajo. Hay algo más bonito, ¿Cuántos pueden decir en sus profesiones o en su trabajo que disfrutan con lo que hacen, que disfrutan con aquella actividad que les proporciona su medio de subsistencia?

Además el ejercicio de la radio, es un ejercicio de comunicación y también un ejercicio del derecho a la libertad de información. No sólo a estar informados, sino también a informar y a contar lo que se es y lo que se hace como se recoge en el artículo 20 de la Constitución Española. Convertir la radio en una profesión es algo tan bonito que resulta casi imposible. Analizando el panorama actual de los medios de comunicación en los que la crisis ha golpeado de manera muy cruel, pensar así se convierte casi en una utopía. Habrá que vencer el vértigo que produce enfrentarse a un sector en el que todos los medios reducen plantillas.

Aunque siempre nos quedará el teatro y al posibilidad de interpretar. Dejarse envolver por la magia del teatro, viajar con la imaginación a otras culturas, otras épocas y otros lugares. Se puede disfrutar como espectador, pero también desde el escenario, venciendo el vértigo y el cosquilleo nervioso previo a enfrentarse a un público. Vivir la transformación en los diferentes personajes que surgen de la mente del autor mientras sigues el guión. Papeles creados que en la piel del actor, sea profesional o aficionado, cobran una nueva vida, la que cada uno le quiera dar.

Además el teatro exige disciplina, concentración, imaginación, estudio y capacidad de convertirse en otro. Hacer radio también tiene muchos parecidos, pero el directo de los programas y las entrevistas exige espontaneidad y capacidad de improvisación. La radio y el teatro, dos actividades diferentes pero con un nexo en común que es la pasión. Habrá que seguir luchando por hacerse un hueco, merece la pena. Radio y teatro, maravillosa sensación

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